La noche no me deja en paz.
No porque falte sueño,
sino porque sobran cosas
que todavía no encontraron palabra.
Cuando todos duermen,
algo en mí se enciende.
No es ansiedad.
Es una vitalidad rara,
como si el cuerpo supiera
que escribir también es respirar.
Escribo para no romperme en silencio.
Para que el insomnio no se vuelva abismo
sino mesa de trabajo,
lámpara encendida,
pulso.
Hay noches en las que no duermo
porque estoy vivo.
Y escribo.
Como quien toma el único antídoto posible
contra el exceso de mundo.
No busco descanso.
Busco ritmo.
Y en esa vigilia <extrañamente>
el cuerpo agradece.

JHONATAN DE JESUS BOBADILLA
Soy psicoanalista y escribo. Escucho en el diván y en la página: lo que duele, lo que insiste, lo que no se deja decir del todo. Hago de la palabra un lugar sensible y habitable.
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