Con qué necesidad mi corazón vuelve a buscar algo de calor allá afuera si sé desde un principio, como una premonición ciega, como todo terminará.
No encuentro razón alguna (si la falta de esta) en poner mi piel y un poco más bajo un sospechoso anhelo ajeno.
Reconozco la angustia que trae los besos fugaces llenos de fuego que marcan la piel por semanas, y aunque deba de admitir que ya no recuerdo bien su cara, la manera de clavarme su alma sí.
Si las calles me escucharan se extrañarían de lo que llegué a decir para impresionar a mis desconocidos. Ojalá volver a estar bajo alguna luz, atrañar a alguien por una noche, si dios quiere dos.
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