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Indisciplinados

Jul 21, 2026

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Indisciplinados
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Hoy, después de que España ganara justamente la final del mundo de USA 2026, las redes sociales se llenaron de reacciones españolas. Muchas de ellas riéndose folklóricamente de nuestra derrota, algo que si sos futbolero te sabés bancar. Pero otros, más soberbios por blancos, rubios, europeos y famosos, creyeron que era el momento de exigir lo que siempre espera el amo de su colonia: servidumbre.

Con Josep Pedrerol a la cabeza del programa de fútbol El Chiringuito, exigiendo a su colega argentino Matías Palacios "más humildad" ante la derrota y siendo terminante en su editorial con una sonrisa socarrona:

"La imagen de Argentina es patética."

Porque sí, eso es lo que ellos creen. Que Argentina y cualquier país africano, asiático o americano les debe rendir pleitesía. Ellos, como buenos súbditos de su rey, esperan que el mundo se arrodille al verlos pasar. Porque para ellos somos el mozo que les sirve la comida, o la mujer que limpia su casa. Por más apellido europeo que tengamos, por más blancos que seamos, siempre seremos "sudacas".

Entonces, cuando un sudaca se revela y muestra una sábana pintada que dice "Las Malvinas son argentinas", les hierve la sangre y explotan: "me río de Las Malvinas", grita Tomás Roncero al aire del mismo programa que conduce el poco lúcido Pedrerol-denunciado por un ex empleado por tratos vejatorios y humillantes- y acto seguido exige sanciones por reglas inventadas que solo son válidas para los sudamericanos.

Los jugadores mostraron una bandera con la leyenda "Las Malvinas son argentinas".
Lo Celso deposita la bandera en suelo estadounidense marcando un hito anticolonialista.

Es imposible pensar que cuando Cucurella se tapa la boca está discriminando. No, él es español y civilizado. Prestianni, en cambio, con su apellido italiano y su nombre aún más tano, nacido en Ciudadela, criado a mate cocido y olla popular, viviendo las miserias que jamás un europeo sufrió, es presuntamente un racista. Al igual que el paraguayo Almirón o el ecuatoriano Hincapié. En la FIFA de Infantino hay reglas que solo son válidas para los sudamericanos.

De la misma forma, cuando en las redes circuló que Dani Olmo le habría dedicado un insulto racista al banco argentino —algo que ninguna fuente confirmó ni la propia FIFA investigó como tal— la reacción del Ratón Ayala no fue cruzar sus brazos y llamar al árbitro; fue un cortito, de barrio. Porque el argentino ante la injusticia no llora, no corre; la enfrenta con lo que sea que tenga a mano y la deja ahí, porque aparte tiene códigos.

El problema que tienen los Pedrerol de la vida es que no pueden tolerar que alguien a quien consideran inferior se subleve o no continúe con el statu quo. El empleado tiene que aceptar prácticas vejatorias. El argentino tiene que ser más humilde. Sino, debe ser sancionado, perseguido, incluso expulsado. ¿Le suena a usted conocida esa premisa?

Pero vayamos al meollo de la cuestión, la pregunta que sobrevuela desde el arranque: ¿Argentina es un país racista? La respuesta es que sí. Vivimos en una sociedad que marginaliza, que tiene otredades marrones, negras y de cualquier color de piel que no sea blanco. A esa sociedad no puede llamársela de otra forma que no sea discriminadora. Lo escribe alguien que no tiene tez blanca por más apellido italiano que tenga.

Que sea racista no significa que sea racista de la manera que plantea el eurocentrismo. Una cosa es el racismo cotidiano, social, el que discrimina puertas adentro sin necesidad de una ley que lo respalde. Y otra muy distinta es el racismo que se hace Estado: el que esclaviza, el que segrega por decreto, el que coloniza en nombre de una raza superior. Argentina sufre el primero, como cualquier otra sociedad del mundo, pero lo sufre en sus propios términos, no en los que quieren imponerle. La mirada eurocentrista y primermundista no tiene lugar en estas tierras para explicarlo, porque este fue, es y será un país libre de esclavitud, de leyes segregacionistas y, sobre todo, de los Pedrerol de la vida.

Acá quiero hacer una pausa. No escribo esta nota para negar la condición racista que habita en Argentina. Escribo esta nota para debatir con los colonialistas que no nos dan el derecho siquiera de discutir nuestro propio tipo de racismo. ¿Qué quiero decir con esto? Que a Argentina ni Francia, ni Inglaterra, ni España, y mucho menos Estados Unidos, puede venir a explicarle lo que es el racismo y la segregación racial. ¡Porque fueron ellos quienes la impusieron en este país!

Y sin embargo, lo siguen haciendo. Porque para construir estos relatos hace falta apoyarse en sentidos comunes. Los sentidos comunes son, precisamente por comunes, difíciles de discutir. Nacen de la experiencia: "si toco el fuego me quemo" es probablemente el más universal de todos. Pero también pueden construirse. Alcanza con que una serie de afirmaciones se repitan lo suficiente como para dejar de percibirse como opiniones y empezar a funcionar como evidencias.

Podría resumirse en un razonamiento muy simple:

A - Si sos racista sos malo. (Sentido común absoluto y más que cierto).

B - Si sos argentino sos racista. (Sentido común construido desde la hegemonía primermundista).

C - Si sos argentino sos malo. (Por transitividad.)

Esto se expresa algo así como (A ∧ B) ⇒ C. Estos planteos de lógica proposicional son lo único que me quedó de mi breve paso de un mes por la facultad de Ciencias Económicas de la UNLP. En definitiva, no es necesario demostrar que el argentino es malo o racista, siquiera decirlo a viva voz; simplemente hay que relatarlo, mostrarlo, dejarlo implícito.

En su novela "Número cero", el italiano Umberto Eco escribió: "No son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias, y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia". Hoy, con el advenimiento de las redes sociales, los grandes medios hegemónicos de poder no son solo los periódicos, sino justamente las redes. Cada cual toma el recorte de la realidad con el que coincide y el algoritmo termina proponiéndole una quinta noticia. Bien podría ser alguna de estas:

"Un nuevo escándalo racista sacude a Argentina"- Diario As 05/07/26

"FIFA abrió una investigación por insultos racistas tras el cruce de una hincha argentina y el streamer Speed" - Diario La Nacion 7/07/26

"Argentina intenta ganar otro Mundial. Sus vecinos animan a los rivales" - The New York Times 15/07/26

Ese relato, sin embargo, se sostiene ignorando la historia real de este país. Argentina es hija de un virreinato español cuyo virrey salió corriendo de la región. Sufrió invasiones anglofrancesas que supo repeler. Y fue sometida por el capital internacional mediante deudas imposibles de pagar por yanquis e ingleses. Acá está el problema: esta es la tierra que los echó una y otra vez, la que no se dejó domesticar porque es hija de los expatriados, que recuerdan cómo los expulsaron por pobres de su propia tierra.

Les duele que Argentina a cada extranjero que haya llegado lo haya adoptado, se haya casado con él y haya formado familia. Argentina, en cuestión de mestizaje, es el faro del mundo. Acá los galeses se casaron con los tehuelches, los ucranianos con los guaraníes, los españoles con los italianos, los polacos con los japoneses, los chinos con los senegaleses, y los africanos traídos como esclavos —a los que el propio relato oficial argentino intentó borrar durante un siglo con el mito de que "acá no hay negros"— también se mezclaron y también están en cada uno de nosotros. De esa mezcla nació algo nuevo.

r/argentina - Un inmigrante galés tomando mate con su esposa Tehuelche en Chubut alrededor de 1890
Un inmigrante gales toma mate con su esposa tehuelche, en sus brazos reposa el gen argentino.

El gen argentino, entonces, está formado por todos aquellos expatriados que tomaron la bandera celeste y blanca, su educación pública, su salud gratuita y fueron recibidos con el preámbulo de nuestra Constitución:

"Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina".

No somos racistas en los términos europeos. Aceptar sin más esa categoría importada escondería más de lo que revelaría sobre nuestras propias formas de discriminación. Somos una sociedad hija del mestizaje, no exenta de sus propios demonios. Pero también somos una nación abierta al mundo. Si quieren saber cómo es nuestro país, los esperamos. Argentina los abraza.

Nicolás

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