El silencio se arrastra por mi cuarto, y cada sombra me recuerda que no estás.
Mientras soñaba, te suplicaba en un idioma que solo existe cuando uno ya está roto.
De rodillas, como si el amor fuera una religión que me enseñaron mal, como si quedarte dependiera de mi fe y no de tu ausencia.
Te pedí un poquito más. Ni siquiera para siempre, ni siquiera suficiente. Solo un poco. Un rato que no doliera tanto. Un segundo donde no me dejaras hablando sola con todo lo que nunca te importó.
Pero hasta en mis sueños te ibas.
Y eso…. eso es lo más cruel.
Porque uno despierta, se toca el pecho, y entiende que ni dormida logra retener a quien ya decidió irse.
Te vi alejarte otra vez, con la misma calma con la que uno abandona algo que nunca fue suyo, mientras yo…. yo me quedaba ahí, haciendo del amor un acto humillante, rogando por migajas como si fueran eternidades.
Dime, ¿en qué momento me convertí en alguien que suplica por quedarse en la vida de quien ya cerró la puerta?
Y no hay peor abandono que aquel que se repite incluso cuando cierras los ojos, mientras sigues aquí, esperando algo que nunca volverá.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión