Nada me detenía cuando me subía a mis tacones al bailar, pero no era conciente de que jugaba con esa llama peligrosa de la sensualidad, podía quemar mi propia alma y en ese segundo consumir me sin culpa del que vendrá después.
No me importaban los pecados hasta que me volví uno, el más tentador y destructor para mí misma.
Me consumí finalmente.
Mi mente perdió el norte.
Mi alma se quedó fría.
Mis ojos perdieron su brillo.
Los tacones dejaron de ser mi sosten ante la gravedad del asunto en este hoy que hoy voy a vivir.
¿Hora de colgar los tacones?
- Mejor descalzos los pies.

Lana Green
Porque las mujeres escriben, porque de ellas son las palabras que florecen como las flores, y de ellas también son las palabras que marchitan corazones.
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