maldigo esta manía de extrañarte. de querer besarte, tenerte, abrazarte.
maldigo la noche en que te conocí y me hiciste creer que, por fin, había llegado la definitiva.
maldigo la forma en que te fuiste. así, sin avisar. cerraste la puerta y me dejaste con un corazón que ya no sabía hacer otra cosa que bombear tu nombre por mis venas.
maldigo estas ganas de correr a tu encuentro, aunque mis pulmones colapsen y mis pies se ampollen.
maldigo tus ojos, tu sonrisa, tu sutil forma de ser, que todavía me cautivan desde la lejanía.
pero, por sobre todas las imprecaciones y condenas, te quiero.
te quiero tanto que ya no sé si es amor o una forma de lenta desesperación.
un pedido de auxilio.
una enfermedad que me carcome.
me corroe.
me corrompe.
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