Si no fuera perfeccionista no me consumiría las horas
haciendo y deshaciendo,
yendo y viniendo,
abriendo y cerrando
lo deseos mudos.
Al final nada parece estar tan mal,
pero no terminar ahogado no significa saber nadar,
remar no te lleva a ninguna parte si ya entraste al remolino,
la vorágine de autoreproches,
del que lo pude haber hecho mejor al que otros sí pueden.
Y de todas las cosas que me molestan
por incompletas,
inexpertas,
agrietadas,
las malditas horas perdidas
en rehacer todo un mundo
para sentirme parte,
en eso también fallé.
Ya me cansé de escribir por desahogo,
de sentir incomodidad por mi enojo,
de buscarle la vuelta a la vuelta
y creer que todo es posible
—sí lo es—
hace falta ser mas imperfecto,
llegar impuntual a la vida,
mentirse un poco,
romper todo
y romperse uno.
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