Qué humillante que siempre le haya gustado físicamente, pero nunca mi forma de ser.
Qué humillante saber que todo lo que vivimos, tan personal, solo fue porque deseaba mi cuerpo y no mi corazón.
Qué humillante haber sido un experimento de anestesia para que ya no sintieras lo que sentías por ella.
Qué humillante besar unos labios sucios que besaron a otra en la madrugada del mismo día.
Qué humillante que me ilusionaras una última vez esa noche, cuando me hiciste creer que me amabas, que te querías casar conmigo y tener una hija, solo por remordimiento.
Qué humillante que al día siguiente me dijeras que no iba a funcionar y que solo estabas dispuesto a intentarlo con ella.
Qué humillante que les dijeras a tus amigos que no sentías nada por mí el mismo día que terminamos.
Qué humillante fue llorar con el corazón partido enfrente de mis papás y tener que contarle al resto de mi familia; ver a mi abuela llorar por lo que me hiciste.
Qué humillante verte como si nada y cómo sigues publicando cosas, como si no me hubieras destrozado el alma.
Qué humillante haber sido yo la que te rogara a ti, y que me demostraras una vez más que no tienes corazón ni una pizca de empatía.
Qué humillante luchar con mi cabeza todos los días, pensando si nunca me quisiste, si solo me estás mintiendo por mi bien o si solo no tienes alma.
Qué humillante saber que no sabes ni lo que quieres, que vas sin rumbo por la vida y que de lo único que estás seguro es de que ya no me quieres en tu vida ni saber nada de mí.
Creo que nunca me habían humillado tanto en mi vida. Nunca lo hubiera esperado de ti, tú, que me devolviste las ganas de amar, mis sueños, y me trataste como una princesa todo el tiempo.
Me hiciste pensar que me había ganado la lotería, que había encontrado oro. Volví a confiar y te abrí mi corazón, pero no solo aprovechaste cuando me quité la coraza para romperme el corazón: te fuiste hasta el alma y me encajaste un puñal que me desgarró desde el alma hasta el corazón en línea recta.
Un año de trabajo reconstruyendo el corazón que me habían roto; incluso tú le diste un cálido abrazo que le hizo perder el miedo… todo para darle un golpe aún más fuerte, tan fuerte que se me partió el alma del estruendo.
Tal vez, si fuera más bonita, tal vez si hiciera algo, la gente dejaría de desear mi cuerpo antes que mi corazón; tal vez alguien me amaría, tal vez alguien me respetaría, tal vez alguien me escogería antes que a otra.
Pero la humillación más grande es que, por más que haga, por más linda que sea, por más cosas que mejore, nunca me elegiste a mí.
Nunca ninguno lo hizo.
Aun dándotelo todo, qué humillante saber que no seré suficiente para ti.
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