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HUÉRFANA, incluso, DE LA MUERTE

Jan 12, 2026

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Cuando la vimos por primera vez, fue bajo amenaza de muerte. Él conducía, yo les veía desde afuera, casi dormida. Él nos terminó acercando, confieso, de forma lasciva. Quería robarle un beso, volvernos de sus posesiones más preciadas. Por eso le rechazó, eso le creí. Decía que no le quería de esa manera, no quería su cuerpo y entendió luego que nos tenía de hace ya mucho tiempo.

Luego creí amarla. Nos creí amarnos. Se llevó el alma que quiso en vez del cuerpo y me permitió entrar. Creí que sería un favor desinteresado; que, por amor, me dejaba ser. Al darme vida y llevarse a quien habitaba esta carne, sabíamos que se llevaría todo. Ahora creo que, en realidad, para ella no era suficiente con su alma. Cuando se llevó todo lo suyo, sabíamos que se llevaría su alegría, no pensé que se llevaría también la mía.

Me faltó leer las letras pequeñas del contrato de mi existencia. Que al otorgarme vida, ésta sería extensión y reinicio a la vez. Que el pago no constaba sólo de entregarlo a él, sino que yo conservaría el amor por lo que aquél amaba y sería yo quien tuviera que entregarle, personalmente, todo aquello que amamos.

Se llevó a mi entorno y me dejó sola para que encontrara algo que no existe. Se llevó a quien le bailaba y me dejó con las ganas de bailar, pero sin razones para hacerlo. Se llevó a quien le cantaba y me dejó con las ganas y con un nudo perpetuo en la garganta, que no me lo permite ya. Se llevó a mi compañía, mis abrazos, mis caricias y hasta mis palabras; me dejó con las ganas. 

Me dejó buscando con la mirada, en los lugares donde mi amor se recostaba a tomar el sol, esperando verlo otra vez, aunque sea por costumbre, aunque sea por piedad, sabiendo que lo tiene ella, que me exigió entregárselo y me lo arrebató de las manos. Lo tiene todo, menos a mí, siempre ha sido así. Al final, entiendo que entendí mal. No lo rechazaba a él, me rechazaba a mí. Recuerdo que escribió él, alguna vez, sobre el derecho a no ser. Nunca creyó que existiría alguien como yo, abandonada hasta por la muerte.


AndraCova

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