La tarta que quiso ser de manzana,
me salió de durazno y la decoré igual.
Y yo, la torta sin crema,
yo la torta de verdad.
Me escondo, me escondo en la cocina,
pero soy un monstruo real.
Común como la harina tres cero,
pero sin polvo de hornear.
Me falta, me falta un toque de horno.
Me falta madurar.
Batiendo la crema me encuentro,
así aprendo a estar.
A estar presente conmigo
y con el resto.
Ahora sí te cuento: ¡guarda!
Que aprendí a amasar.
Estoy con el diablo acá adentro.
Adentro del horno, aquí estoy
y quiero negociar.
Que le hable a mi muerte, le dije,
que le diga que hoy me quiero quedar.
Que se vaya, que se vaya bien lejos.
Que yo ahora elijo crear.
Cocinar como acto de rebeldía.
Cocinar para soportar.
Soporto mi propia existencia
porque deseo actuar.
Actuando se queman los miedos
y en el cuerpo aparece la verdad.
Mi amor, ¡que vivan las tortas y el arte!
A fuego lento, me quedo a leudar.
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