HOSPITALIDAD
Hay una montaña en la cocina.
Cierto es que no hay en esto nada trágico.
Le dije siéntate a comer,
lanzó sus anclas de piedra para afirmarse a la silla.
Una montaña con prudente delicadeza
pasa por el pasillo en puntas de pie.
Le digo siéntete como en casa
y me deja en estado de respetuoso silencio.
En el cuarto de baño ¿sabes lo que encontré?
Una montaña destornillada en la bañera.
Le pasé champú con cariño y paciencia
para calmar su púrpura desesperación.
En el dormitorio todo estaba en su sitio, cosa rara,
miro debajo de la sábana ¡la montaña!
ocupando posición inexpugnable.
Me dice: estoy cansada de esperar
entre guijarros lagrimones diamantes
ni un grito de minero la devolvería a su follaje natural.
Ya no llores viejita, duérmete única y absurda. Te quiero.
Pronto mi alma cambiará de cuerpo, nunca se sabe.
Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina
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