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Hospital

Jun 19, 2024

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Hospital
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Es sábado a la noche y estoy en la casa de mi hermana cuidando a mi sobrina. Ella juega con unas muñecas y las coloca en su casita de madera en el piso. Todo está bastante tranquilo

- Tia, ¿sabías que tengo un hospital?

- ¡No me digas!

- Si, a nadie le gusta, pero de a poco se va llenando

- ¿Llenando?

- Si, ¿queres ver?

Asiento con la cabeza llena de curiosidad. Se va corriendo y vuelve con una caja en las manos

- ¡Acá esta, tía!

Deja una caja de zapatos en el piso donde en la tapa se lee Hospital, pero algunas letras están borroneadas y torcidas. Después levanta la tapa y empieza a sacar partes de juguetes rotos o desmembrados. Manitos de bebotes, cabezas peladas de muñecas, brazos de robots, etc. Hasta ahí me pareció normal, yo también solía destrozar algunos juguetes y dibujarles con fibras de diferentes colores. No lo hacía con maldad, solamente estaba en mi mundo. Y así lo mismo pasaban con las paredes. La nena mientras seguía sacando iba explicando cada cosa como sus pacientes. Pero en un momento empecé a sentir un fuerte olor, como a tierra mojada mezclada con mierda de perro. Venía de una bolsita de cartón y lo fue vaciando y desparramando en el piso: cascaras de huevo, dientes de perro, bigotes y uñas de gato, hojas secas con telarañas pegadas.

- ¿De dónde sacaste todo esto?

- En el patio de la casa del tío Apu. Él me deja pasear hasta donde quiera y no me reta cuando llevo la caja llena.

- Esta bien, corazón, pero tiene feo olor. Por ahí tendrías que dejarlos donde los agarraste.

- No puedo, él me dijo que necesita más partes.

- ¿Quien? ¿El tío Apu?

La nena guardo silencio y empezó a guardar todo. Al rato comenzó a bostezar y me pidió que la ayude a acostarse, no sin antes lavarle bien las manos con jabón blanco. Después fuimos a la pieza y la ayude a ponerse el pijama. Solo quedo la luz de la mesita de noche prendida. Me pidió que si se me caía el pelo que se lo regale. Le dije que lo iba a pensar y rápidamente se durmió. Cuando iba a apagar la luz note una sombra en la pared de enfrente que provenía de una figura hecha completamente de restos animales junto con algunas cosas más de la tierra. La silueta daba una apariencia diabólica y quimérica entre las alas de murciélago, el cráneo de un gato, el torso de una paloma y alitas negras de una gallina, rodeado de restos de cera blanca derretida formando una especie de muro alrededor de aquello putrefacto. Cerré la puerta y salí corriendo.


C. R. Gotta

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