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¿Holanda ya se ve?

Dolbach

Jan 6, 2025

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¿Holanda ya se ve?
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No soy rey (el inexistente me libre), ni mago ( eso no estaría mal), pero quiero (ojalá pueda), regalaros mi sonrisa.

Podéis devolverla.

(Y un relato):

Hay en aquella cima lejana una inabarcable montaña.

Nunca quise pero puse de mi parte por no ser impertinente, y de forma diligente, aún prudente, apretaba bien los dientes y me agarraba si lo había, al más seguro saliente.

Es evidente que el presente difumina lo que fue pero al ser tan diferente, ahora sigue reluciente, vivo y fresco en nuestra mente.

Estuve ausente porque me diijeron: no lo cuente. Y callé y guardé el secreto ante la gente.

Pero hoy ya es suficiente. Fue una explosión potente, con la debacle inherente para que de los que supimos, nadie

sea indiferente.

El viaje fue largo y duro. Meses de no hacer casi nada pues con todo predeterminado, los automatismos eran el modo más seguro y fiable para llegar al destino.

El futuro no es tan suave ni tan limpio ni tan brillante y liso como en muchas películas se quiere mostrar.

La nave era incómoda y claustrofóbica. Arisca más que amable. No daba sensación de seguridad y el orden necesario era una especie de laberinto de maletas, fundas, contenedores.Todo el material y los vehículos y suministros que se habían previsto necesarios.

Marte no permite olvidarse la sal.

Tres veces la altura del Everest. Casi tres ocho miles en uno, eso es el monte Olimpo.

Aquella es una de las peores regiones marcianas en las que aparcar; demasiado polvo, pero nuestra misión era escalar la mole cuya base ocuparía casi toda Francia o todo Ecuador.

Eso sí es una montaña, y no el Mulhacén.

En realidad es un volcán.

Sí, llegamos entonces a la cima de la Humanidad en cuanto a exploración espacial se refiere.

Los primeros seres humanos en dejar sus huellas en aquel terreno rojizo.

La subida, a pesar de la ligera gravedad, unas tres veces menor que en la Tierra, fue muy difícil. Teníamos que acarrear todo lo necesario para la supervivencia y los análisis científicos y la recogida de nuestras y los experimentos, la seguridad... en principio y hasta casi la mitad del recorrido nos fueron útiles los vehículos oruga, pero a partir de ahí la pendiente era excesiva y entonces comenzó la verdadera escalada.

Unos doce mil kilómetros de cuesta.

Íbamos aligerando nuestra carga a medida que avanzábamos. Recogíamos solo lo que decidíamos que era extraordinario.

Es difícil escoger lo exclusivo en un lugar tan extraño.

Coronamos, no todos pero los suficientes como para considerar que la gesta había sido un éxito.

Clavamos la bandera de la Tierra y otra de Arrancacepas (el mayor patrocinador de la misión era de ese pueblo) y procedimos al experimento principal.

Activamos el explosivo que habíamos dejado caer al interior del cráter.

Quizás no se había pensado bien o se hicieron mal los cálculos o alguien dejó un cable pelado, el caso es que aquello...

Huimos sin precauciones. Todo era peligroso.

A la nave solo llegamos cuatro. A la Tierra, tres.

Ya no hay nada que esconder, porque tampoco hay nada que hacer.

Marte viene directo a nosotros.

Y seguro que está enfadado.

Dolbach

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