Recuerdo que buscaba
cómo decir lo que adentro escondía.
Cuando abrí la puerta
para dejar salir lo que bajito respiraba,
un viento entró como grito.
Yo solo quería sacar lo que dolía,
aflojar la voz
para ver si todavía ahí dentro vivía.
Y justo ahí,
cayó Hiroshima.
Las paredes de mi cuerpo,
las que aún me sostenían,
empezaron a temblar.
Sentí que, por respirar bajito,
algo húmedo caía,
rebotando en mis mejillas.
Hiroshima sumergió las palabras
ahogando cada sentir
con sus movimientos de placas,
donde las olas rebotaban en un barco
destrozando desde adentro hacia afuera.
Tirarme del barco, no fue nunca una opción,
ahí viendo a Hiroshima,
nadar o ahogarme, fue mí única salida.
Aún flotan los restos
de las palabras que no comprendían
porque fue más fácil explotar la bomba
Que intentar respirar bajito con lo que dentro me desvanecía.
A veces,
romperse
es la única forma
de salir viva.
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Mística poetisa
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