HILARIO CENTESIMAL
Líbrame de las palabras de la hoguera.
Guárdame de los huesos de la impar.
Tú que salvas caracoles
de la cornisa de las fuentes.
Tú que perfumas el origen del pan
y despilfarras voluntad.
Y llegas a acomodarme
la titubeante boca.
A ti te convido ahora
de estos dulces secretos,
y te enseño la jaula
que oxidó el aguacero.
Hilario,
cómo puedes esconder las agujas
aún quedan muchas hormigas
que bordar.
Porque te odio amor,
porque te odio mi amado
a ti te saludo la suspicacia eterna,
tullido transgresor de porcelana.
A ti puedo encomendarte
mi metonímico ojo,
a ti Hilario,
ventrílocuo locuaz
barniz de mi costilla
mandamás de quirófano.
A quién le cuento que he llorado creyendo que era negro
mi sol de juventud,
maestra que insinúas que reúna
los pájaros en vuelo
y llegas trayendo una lámpara
a mi obtusa oscuridad.
A ti Hilario,
que te dejé mi herida
como moneda de oro,
a ti puedo tirarte
la ventana contra el rostro
y abrazarte
como a una madre niña
en tus pesares.
Me pides que te recorte las puntas
endebles y furiosas morfinas,
guárdame las palabras harapientas,
estréllate
con tu exangüe aparato de tortura,
Hilario,
hermáname mejor
mi médula a tu espalda.
Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina
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