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Hielo interno

Jan 22, 2026

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Hielo interno
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Dentro de cada persona existe un cuerpo de agua emocional. A veces ese agua se congela: son los miedos, los enojos retenidos, las palabras que no dijimos. Se vuelven hielo, duro, rígido, inmóvil. En ese estado sentimos el peso, la quietud forzada, la imposibilidad de avanzar. El hielo emocional no es malo, simplemente nos muestra dónde nos protegimos, dónde nos endurecimos para sobrevivir.

Pero cuando empezamos a mirarnos por dentro, cuando respiramos, escribimos, sanamos o nos permitimos sentir, algo cambia, sube la temperatura interna. Y lo que antes estaba congelado empieza a derretirse. Aparecen lágrimas, alivio, claridad. El hielo se vuelve agua líquida, capaz de correr, de moverse, de buscar caminos por sí misma. Este es el momento en que conectamos con lo que realmente sentimos, sin juicio, sin disfraz.

Si seguimos el proceso —si nos damos permiso para expresarnos, para hablar, para poner límites, para dejar ir— ese agua líquida puede transformarse en vapor. El vapor es ligero, sutil, expansivo. Es la emoción que encuentra su salida natural, que se libera del cuerpo, que deja de ocupar un peso en el pecho para convertirse en aprendizaje, energía, presencia. El vapor no desaparece: se integra con el aire, con lo que somos ahora. Es la versión de la emoción ya transmutada.

Y así entendemos que las emociones no vienen a quedarse para siempre, vienen a mostrarse, a moverse, a transformarse. Nuestro trabajo no es evitar que se congelen ni obligarlas a evaporarse. Nuestro trabajo es poner calor de consciencia, mirar hacia adentro con honestidad, darnos permiso para sentir, y permitir que todo siga su curso natural.

Porque igual que el agua, cuando una emoción fluye, se transforma. Cuando se transforma, nos transforma también.

Camila Foresi

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