mobile isologo
buscar...

He sido una hipócrita conmigo misma

Oct 13, 2025

174
He sido una hipócrita conmigo misma
Empieza a escribir gratis en quaderno

He sido una hipócrita conmigo misma.

Me he mentido a mí misma descaradamente. Como si no supiera la verdad de mi corazón.

Tanto que he aprendido, me ha jugado en contra. Porque he querido seguir las reglas del juego, para encajar, para agradar a otros, en otro contexto, pero encajar al fin.

Me he negado a mi misma el dolor, los miedos, las preocupaciones y los he disfrazado con frases bonitas, afirmaciones y gratitud forzada. Porque ¿cómo voy a quejarme de mi vida?

Me he forzado a ser de una manera siguiendo libretos ajenos, que tampoco iban conmigo, pero se suponía que eran parte del autoconocimiento, de la espiritualidad, del desarrollo personal, para ser “mi mejor versión”.

He seguido fórmulas genéricas de quiénes afirmaban que era lo que se debía hacer para ir de A a Z sin pasar por el resto del abecedario.

Me he negado los dolores. Utilizando cuanta herramienta se cruzara en mi camino.

Me he negado los miedos siendo cruel e impaciente conmigo misma, en vez de tratarme con amor y acompañarme a transitarlos.

Me he negado las preocupaciones, porque “lo que importa es el presente”, pero los problemas seguían estando al día siguiente.

Se ha creado una cultura “espiritual” de fingir demencia con todo. Y hacer miles de esfuerzos para evitar sentir lo que sentimos, para “hackear” nuestra mente y entrenarla para pensar solo lo que nos conviene. De seguir recetas mágicas de personas que prometen que su fórmula es la correcta y la definitiva y tienen a su competencia diciendo lo mismo, pero predicando lo contrario.

Se venden miles y miles de cursos para ayudarte a lograr x o y cosa que ni sabías que hacías mal hasta hace 30 segundos atrás gracias a alguien en un reel de Instagram que dijo que lo haces está mal.

Y sin desmerecer el conocimiento valioso, producto del camino de cada una de esas personas, me he dado cuenta que en todo eso se olvidaron de lo más importante:

La individualidad.

Porque no digo que todo eso no funcione. El tema es que no somos todos iguales ni necesitamos todos lo mismo. No hay dos vidas iguales, no hay caminos que sean para todos. Cada uno tiene que hacer el suyo, a su manera, con sus logros y tropiezos.

Y en ese caminar no puedo usar las zapatillas de otro.

No importa cuanto intente hacer lo que otros hacen. Jamás voy a lograr hacerlo de la misma manera, ni me va a salir, porque ese no es mi camino, y esas zapatillas no son de mi talle.

Este año ha sido de descubrir que es lo que quiero hacer y cómo quiero hacerlo. O al menos eso era lo que yo creía a principio de año. Pero la vida me mostró de que no iba a ser nada de eso, si no era momento de abandonar todo lo que había intentado copiar y empezar a caminar mi propio camino, descubriendo que era para mí y qué no.

En el camino perdí amistades. Ya hacía años venía perdiendo a todo quién me rodeaba. Volví a mi viejo trabajo, como profe. Empecé a hacer cosas inesperadas, como aprender alemán. Abandoné mi compartir en redes como lo hacía. Dejé mis talleres. Dejé de leer autoconocimiento y desarrollo personal y empecé a leer novelas. Dejé de forzarme a escribir y volví sola tantas veces. Dejé de decir que si cuando quería decir que no. Dejé de explicarme y dejar que me malinterpreten. Dejé poco a poco de complacer a los demás, de seguir las reglas, de hacer lo que “debía” y empecé a seguir más mis ganas, mis deseos, lo que me divertía.

Dejé de querer mutilar partes mías para encajar en un molde que no era mío.

Empecé a cuidar mi cuerpo, a buscar información, a investigar, a conocerlo, a amarlo y hacer cuanto fuera necesario para poder cuidarlo mejor, sin seguir lo que otros me decían que debía hacer, y haciendo lo que yo si sabía que era para mí. Porque nadie ha caminado mis zapatos para saber que si y que no respecto a mi cuerpo.

Entendí y aprendí a abrazar el hecho de que a mi al rededor no me entienden y está bien. Porque cada uno entiende la vida como le toca. Y está bien.

Y me he sentido sola. Muy sola. He esperado en vano y le he renegado a la vida que llegaran las personas que me entendieran al fin. Y continúo con el círculo más pequeño que he tenido nunca.

Y luego de renegar y llorar y patalear, entendí, que esto es lo que me toca hoy.

Dejar de mentirme. Dejar de adaptarme. Dejar de ser una hipócrita. Dejar de llevarme la contraria para encajar. Dejar de esconderme para no ser juzgada. Dejar de copiar al resto.

Y empezar a recorrer mi camino real. El que toca ahora. Con lo bueno y lo no tan bueno. Viendo el aprendizaje. Transitando lo que tengo en este momento. Eligiendo y haciéndome cargo de esas elecciones.

Y dejando de querer controlar la vida, cuando ya me demostró una y otra vez que no controlo nada. Y que todo lo que sucede es perfecto aunque no me guste.

“No tengo ni puta idea de quién es Antonella”, le dije a mi hermana hace unos días. Creí que la iba encontrando y en realidad solo me estoy sacando cada vez más capaz de cosas que aprendí que “eran así” y empezando a hacer como son mejores para mí.

Es mi camino. Nadie más que yo puede recorrerlo. Nadie más que yo lo ha recorrido. No se que sigue, pero acá estoy, eligiendo dar el siguiente paso, aunque no sepa que me traerá en el futuro. Pero aprendiendo a disfrutarlo, en vez de solo esperar llegar a destino.

Siento que voy caminando a ningún lado. Y por momentos me desespera. Quiero agarrar mi cuaderno y empezar a planificar y a diseñar la “vida de mis sueños”, pero luego recuerdo que eso es solo un producto de mi imaginación y que todavía no se realmente que quiero. ¿Para dónde voy si no se que quiero? ¿Qué decisiones tomo si no se a qué lugar quiero ir? A veces es sólo decidir qué es lo que quiero cocinar, y muchas veces hasta de eso dudo.

Se supone que a los 33 iba a tener la vida resuelta y la verdad es que a veces ni siquiera sé como es que llegué hasta acá.

Busqué y busqué formas de encontrar la respuesta a “¿qué quiero?” y solo llegan más y más dudas. Hasta que me rendí y dije, “esto es lo que toca, y cuando deba llegar la claridad, llegará”. No importa cuanto piense e imagine mi vida ideal, porque eso también es producto de lo que he consumido toda mi vida y ha moldeado mi pensamiento para creer que es lo que quiero.

He decidido trabajar con lo que tengo en el momento. A veces no tengo nada. Y está bien también.

Lo más difícil ha sido lidiar con la ansiedad de mi mente que me dice que estoy desperdiciando mi tiempo, que no estoy haciendo nada, que no voy a lograr nada así. Y bueno. Escribo. Se calla un rato y luego donde me descuido vuelve a aparecer.

A veces me torturan las redes llenas de gente con su aparente vida resuelta y me amargo un poco. Y ahí mi mente vuelve a atacar con material nuevo. Y luego me recuerdo, que esa es la vida de ellos, y después de todo nadie sabe qué es real y qué no.

La cuestión es que no es fácil navegar la incertidumbre. Sobre todo para una mente tan lógica, perfeccionista y planificadora como la mía. Pero al final, la vida se trata de esto. De vivirla con lo que trae. Si no sabemos hasta cuando tenemos acá en la tierra. Estamos en entrenamiento y no sabemos cuando termina. Y prefiero irme habiendo aprendido a disfrutar el camino, que haberme perdido de vivir por estar enfocada en la meta y tal vez ni siquiera llegar, o llegar y darme cuenta de que en realidad no era lo que quería.

Anto

Anto Gómez | Open Heart

Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor

Comprar un cafecito

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión