No fue nada, pero sí fue algo.
Y justamente por eso no merecía seguir siendo a cualquier precio.
No estoy negando el deseo, ni lo que hubo, ni la química.
La hubo. Y fue real.
También fue real la compañía, las ganas, la sensación de ser escuchada,
de encontrarnos en algo que no tenía nombre pero sí peso.
Pero cuando el deseo empieza a pedir silencios incómodos,
cuando el vínculo se sostiene a fuerza de interpretar en vez de hablar,
cuando un “no puedo” se vive como rechazo
y un límite se lee como desinterés,
el costo empieza a ser demasiado alto.
No quiero vincularme desde el desgaste.
No quiero ser el “a pesar de”.
Me importa, sí, pero no quiero ser el “a cualquier costo”.
Tal vez más adelante, cuando sepamos comunicarnos mejor.
Tal vez nunca.
Y está bien también.
No fuimos nada, pero fuimos algo.
Y eso no merece ni duelo infinito ni minimización.
Solo respeto. Y cierre.
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