disfruto del ruido constante.
hay uno en especial que se agrupa y hace eco al fondo de mi mente; normalmente es acompañado por el golpeteo de mis dedos en cualquier superficie. el ruido, algunas veces, arremete con mis sentidos: me nubla la vista, me estremece, me deja sin habla, me asfixia y me priva de oír. un sonido que se mueve como la marea, que choca en los acantilados y ahoga a quien lo escucha.
a veces no disfruto del ruido constante, en las noches en que mi cuerpo tiembla de frío bajo las mantas y tampoco cuando el sudor se resbala por mi espalda.
mi pecho se agita, respiro apresurado, veo a los lados y de nuevo lo escucho, acompañado de pasos. ¿has sentido a las miradas hablar? no entiendo muy bien la paranoia, no quiero pedir que se detenga, pero a veces caigo de rodillas y me cubro las orejas. no puedo escucharme entre el pavor de las aves que se remolinean junto al ruido, grito y algo me aplasta el pecho.
y de nuevo, el ruido desaparece, pero no se va del todo; escucho fuera de mí al fin, cuchicheos y señalamientos.
“¿necesita algo? ¿está usted bien?”
¿has escuchado a las miradas hablar?
me siento en blanco cuando las escucho y comienzo a echar de menos el ruido que disfruto.
disfruto del ruido constante, del que no tiene ojos y se viste de oscuridad, que me deja nublado y respirando con dificultad en el suelo.
“no, perdón, ¿sabe qué hora es?”
hay un ruido que disfruto; a veces se va y otras está.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión