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Hambre

May 14, 2026

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Hambre
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29/Septiembre/2026

Tengo tanta hambre.

No es el estómago.

Es algo más adentro.

Un hueco que no está en la tierra

sino en el sitio donde iba el amor.

El árbol me ofrece sus frutos.

Huelen a podrido.

Huelen a las manos que me sostienen,

a los ojos muertos que me miran,

a la cuerda que me cortó y se fue.

Huelen a él.

A ese amor que parecía dulce

y estaba lleno de gusanos.

Intento comer.

Me obligo.

Quiero que algo baje,

que algo llene este vacío que me devora.

Pero apenas muerdo,

el asco me sube por la garganta

y vomito.

Vomito lo poco que me quedaba:

las ganas de creer,

los restos de la mariposa,

la última vez que alguien me dijo "te quiero"

y lo sentí de verdad.

Tengo tanta hambre.

Un hambre que me roe los huesos desde adentro.

Un hambre que no se va con fruta podrida

ni con gusanos

ni con manos que me aprietan.

Ya no sé qué hacer.

Los frutos me dan asco.

Los gusanos me repugnan.

Las manos ya no me sostienen,

solo me pesan.

Entonces pienso:

¿y si me como a mí misma?

¿Si muerdo mis brazos,

mis dedos,

este vientre vacío que no deja de doler?

Si me devoro,

al menos habré comido algo.

Al menos habré probado carne que no me miente.

Tengo tanta hambre.

Tanta hambre.

Y el árbol me mira

con sus frutos brillantes

sabiendo que voy a volver a intentarlo.

Porque el hambre de amor

no entiende de asco.

El hambre de amor

se come los gusanos

y los vuelve a vomitar

y los vuelve a comer

y así

hasta morirse de pie.

Tengo tanta hambre.

Solo tengo hambre.

Y lo peor

es que el árbol también tiene hambre.

Y me está comiendo a mí.

Emily dayana

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