Rechazo.
Habito los claveles, rojos y refulgentes, hasta descender a la vida que merezco. Existo hasta volver al último instante donde habita el aire quieto.
Soy la otra que vivía, soy la otra que aterriza cada emoción con el trote de una sonrisa.
No soy esta que vigila en cada esquina. Que adormece el roce de las rocas en el viento, para que la quietud duela menos que habitar un mundo de distimia.
La primavera ya no tiene ojos, ni olfato, ni abejas. Los pájaros se han ido. Están buscando una libertad que respire su agonía, de vivir todos los días.
Tan oscuro, suena saturado, insistente y mal logrado. Ya no hay alternativa. Hay palabras que no se pueden pronunciar.
Los monstruos que me defienden no me permiten vivir sin entender y nunca voy a entender la caida.
Me aproximo, apoyo el brazo. El cuerpo suspendido en el aire.
Rechazo. Voluntad. Vivir es morir.
Siempre rechazo lo que no, soy, vivo en los claveles rosados, rutilantes
de voluntad intelegible. Rechazo.
Rechazo que dura para siempre
La obsesión de ver el amanecer cada día
deja una huella que no puede volver
hasta que
La jaula deja de latir, de una vez.
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