Dicen que hay que armar la vida de nuevo.
Juntar los escombros,
clasificar las ruinas de lo que fuimos.
Pero cómo se levanta un refugio
con las manos amputadas por el frío.
Cómo se habita esta incertidumbre
cuando el único lugar seguro era tu clavícula.
Me piden que camine,
que el tiempo es un agua que lava,
que todo lo borra, que cicatriza.
Yo no quiero que el tiempo pase,
porque el tiempo que pasa me aleja del último día en que te toqué.
He intentado ser la que era,
esa ficción alegre que te amaba,
pero me he vuelto un animal que aúlla hacia adentro,
una niña de piedra bajo una lluvia negra.
No estoy reconstruyendo nada.
Solo estoy apilando los días, torpemente,
para ver si algún día alcanzan tu altura
y puedo volver a mirarte a los ojos.
Hacer de cuenta que avanzo
es una traición a la quietud de tu muerte.
Y sin embargo, aquí estoy,
cargando los ladrillos de un mañana
en el que ya no quiero vivir.
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