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Grietas que florecen

Laura

Mar 4, 2026

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Grietas que florecen
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Mis grietas...

Hoy voy hablar de mis grietas, aquellas que he nombrado muchas veces y no he sido escuchada o que las personas de mi alrededor no las han entendido o que alomejor pensaba que eran normales, pero hoy me voy a escuchar yo y lo voy hacer por mí porque merezco ser escuchada para poder valorarme y seguir adelante.

Esa valoración hacia mí que he ido perdiendo, que me la han ido quitando poco a poco sin darme cuenta.

Soy esa vasija rota, sensible, autoexigente conmigo misma todo para buscar una perfección dentro de la imperfección...que va perdiendo agua por el camino y que por él intenta ponerle parches... esos parches que costaban trabajo ponerlos pero ahí estaba yo... luchando como una guerrera para intentar arreglarlos.

Yo, persona considerada altamente sensible me tenía que poner ese escudo para enfrentarme al campo de batalla y sacar esa fuerza interior que había en mí, esa que me suponía mucho esfuerzo encontrarla...ese poder que muchas veces aunque no puedes...luchas y luchas y mientras derrotándote por dentro sin darte cuenta, porque piensas que esa armadura te está protegiendo, y no.

Todo requiere un mantenimiento del que yo carecía , de no mirar por mí, de dar todo de mí sin pedir nada a cambio, de estar mala en la cama y no escuchar ¿te traigo la medicina? Solo escuchar... ¿qué comemos hoy? Ahí y como en muchos ejemplos más, buscaba mis fuerzas aún estando como un trapo roto para hacer la comida, para complacer a los demás y cubrir sus necesidades y que no les faltara de nada, pero a mí sí me faltaba.

A mí nadie me cuidaba, nadie me sostenía... esa Laura se creía que podía con todo pero a la vez se llenaba de rabia e impotencia de pensar que alomejor no era suficiente, que tenía que dar más de ella en esos momentos débiles y frágiles, esa Laura que le costaba pedir ayuda por no molestar porque pensaba que era su reponsabilidad ocuparse de todos, de trabajar, de las labores domésticas, de los médicos, colegios, extraescolares, crianza de los niños y mayoritariamente haciéndolo en soledad.

He luchado mucho por sostener a mi familia, vivo y me desvivo por mis hijos y como mujer y madre estoy muy orgullosa de ello, puedo ponerme una medalla porque no les ha faltado de nada gracias mayormente a mi esfuerzo y trabajo, siempre buscando el bienestar y cubriendo como buenamente podía desde el amor, sus necesidades y dándoles todo lo mejor de mi.

Pero la vasija perfecta que no tenía grietas y a pesar de gritarle a voces pidiendo ayuda de cómo iba perdiendo mi agua por el camino, me humillaba no respetándome, no escuchándome y no mostrándome ese afecto  que fue desapareciendo poco a poco y yo me hundía cada vez más...

Hasta que un día dentro de una gran batalla con mi armadura tan deteriorada, me dieron un gran golpe que no resistió más atravesando ese cuerpo y alma sensible, desgastada y tan débil dejándome herida, destrozada, sin saber que estaba ocurriendo dentro de ese gran revuelo... como si estuviera perdida y flotando en la nada, sin fuerzas, sin salida buscando un camino... hasta que por un momento me di cuenta que mi "yo" no estaba, me sentía sola, insegura, dolida, irritable, loca y asustada y preguntándome quién era y en quien me había convertido.

Después de tanto buscarle empecé a verlo a lo lejos como una pequeña nube gris, solo, desolado, llorando tristemente, confundido, culpable, desmotivado... empecé a gritarle y preguntarle entre lágrimas con la poca fuerza que aún me quedaba que por qué estaba tan lejos de mí... lo que me contestó que siempre había estado conmigo pero le fui dando de lado, abandonándolo sin darme cuenta y haciéndole más pequeño porque tenía otras prioridades.

En ese momento aprendí y me di cuenta que no podía dejarle marchar, que tenía que seguir sacando fuerzas si quería conservarle y juntos crecer, sanar, buscar esa libertad y felicidad que se nos había escapado de las manos.

Comencé a escucharle y empezó a volver a acercarse a mi, me decía que necesitamos estar unidos para reparar esos daños, heridas y volver a endurecer esa armadura protectora trabajando nuestra confianza, nuestro respeto, nuestra dignidad, nuestra motivación, ilusión y esperanza que un día la perdimos.

A día de hoy nuestro camino no es fácil, estoy aprendiendo a evitar que se aleje ya que sin mí "yo" no soy nadie.

Laura

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