Tengo piel de papel, podría jurarte que cada rayón hecho sobre mí no se borra tan fácil como tú crees.
Cada que intento pasar la goma, me rasgo; el dolor superficial ya no lo es todo.
Tu grafito está impregnado en cada una de mis fibras.
He querido recortar mis pedazos ayer, lo he hecho hoy y seguramente mañana tendré que ser reciclado como la última vez.
Perdí mi color natural. Estoy manchado y rugoso.
Cuando me seco al sol siempre me llueve.
He tenido que ser recogido del lodo múltiples veces, huracanes me han golpeado y lo más gracioso es que nada se ha comparado a todas esas ocasiones que tus maniobras me sacudieron sin piedad.
Por eso es que prefiero este ciclo sin final.
Donde me borro; me daño; me reconstruyo; me ensucio; y vuelvo a empezar.
Tenerme en tu cuaderno no me daba libertad, tú sólo tachabas lo que no te gustaba en mí, desquitabas tu frustración del día y escribías subrayando sin pensar cómo eso me podía dañar.
Prefiero esto, sé que algún día un buen recolector me mirará y pensará en mí como su mejor herramienta para pintar. Tal vez me enmarque aunque tenga poco por ofertar.
Sólo me queda esperar.
... Mientras me borro; me daño; me reconstruyo; me ensucio; y vuelvo a empezar.
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