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4) II - La Lengua del Mago

.f.

Jun 4, 2024

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4) II - La Lengua del Mago
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Godric Gryffindor parte II

La lengua del mago

Antes de volver a desparecer se encontró donde pudo sostenerse en pie. Con el alma a cuestas, siguió los designios de lo que pudo hacer consciente. Igual que antes, igual que siempre. La razón y la conciencia. El diálogo y la confianza lo salvarían. No podía seguir viviendo tres o cuatro veces cada día. Se encontró acorralado a la salida. Trató de entender, no encender y comunicarse con lo que tenía. A cada intento, una patada doble que lo atravesaba empujándolo de nuevo a la penumbra sin fin. A un acuerdo, dos quiebres. Cada aproximación a la claridad era apagada a una táctica a la mitad. Esa progresión agresiva era lo que más le dolía.

Vislumbró una posible salida al tormento, pero fue humillado con un terrible cuento. Siempre quería más y ya le había dado cada esfuerzo. Así, había quedado atrapado en una sigilosa e incolora luz de gas. Insistentes provocaciones que gastan y desgastan. Cuando había respuesta, las preguntas se esfumaban en el aire. Por encima de las torres las bombas de trato errático que culpabiliza y angustia. Ante el intento de comunicación sana, bienestar sinrazón, aquí no ha pasado nada. Un juego con el tiempo, el espacio y la distancia. Dos juegos con la confianza y la disposición. Le encantaban los juegos, pero no así. Jamás sin el abrigo de la conciencia, un libro de instrucciones y un reloj de arena.

Desprendió sus pies del suelo y cuando los miró ya habían desaparecido. Ninguna de sus extremidades estaba a salvo. Cada vez que dejaba algo al descubierto se lo llevaba sin el más mínimo lamento. Sintió la brisa en la cara, sobrevoló cada angustia y pena, pero se estaba matando por dentro.

Acorralado contra una esquina, tomó la inexistencia como desafío concretos del momento. Esos que transforman el mundo interno con disposición y alegría. Sin más resguardo, se apoyó en la confianza. Nunca imaginó que estaría disfrazada.

Se acercó a la tierra, lentamente, y al mirar al frente se encontró un pequeño mago. Sonreía con expresión de orgullo mientras levantaba un espejo. Con horror dolió mirarse y no ver más que una bruma de lo que fue. Una bruma ve a traves de la bruma por las entrañas de la bruma que desaparece. Nunca había mirado el vacío de la destrucción frente a la cercanía de la confianza. Los ojos repletos de caricias sembraban la confusión.

Pero se había llevado todo, no le quedaban brazos para abrazar, ni piernas para caminar por las mañanas. El único panel de cordura era un papel maldito, que ni siquiera podía tocar. Había caminado por un campo minado, distraído con elegantes capas de gris dualidad danzante. 

El mago había jugado con la dialéctica de la vida. Él no soportó más seguir matando su propia estima. Como un dispositivo de autodestrucción instalado, no aguantó más el bamboleo premeditado. Lo habían matado de a partes, un poco más todos los días. En defensa de su integridad llevó a la tierra lo que acontecía. Jamás imaginó lo que devendría. Fue el último clavo en un ataúd de cristal.

A traves de las capas de imágenes que ocurren sin intervención, pudo arder de ira al escuchar a los suyos repetir faltas a la verdad, pero no pudo decir ni palabra. Hizo pasar desarme analítico por desvalía lacerante. No podía creer la máquina que tenía delante. Otro golpe más, se había vuelto bruma la otra mitad.

Empezó terminando, castigando los elementos de razón. Pero ahora justificado en la reacción conducida. Destruyó lo construido con garrotazos de dolor. Sus esfuerzos de nada valían. Igual que antes, un poco más todos los días. Progresivo e incesante. No alcanzan los procesos ni las palabras para describir semejante desastre. Estratégicas notas de dolor sembradas en el goce de la destrucción. Nunca había visto un alma tan vacía.

Terminó como empezó, haciendo algo y luego no. Gritó de un solo lado y ante un mísero reclamo, entredientes sonrió, y encontronazo lo nombró.

.f.

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