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    Generación dorada

    Abr 16, 2024

    Generación dorada
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    Cualquier motivo autorizan las ganas de vernos. ningún escenario climático se interpone entre el encuentro de dos generaciones. Ferias de ropa, concursos de baile, pasillos de subtes, charcos de agua, balcón con sofá, calles de adoquines, veredas angostas, música a todo volumen, carcajadas compinches, mates y galletitas.

    Y entre tantos encuentros me encontré mirándote sin cruzar miradas. Te observe desde lejos, sin distancia física, pero con distancia en el tiempo. Compartimos la misma pasión por la tinta en la piel pero tu colágeno en exceso y mi falta de estrógeno delatan nuestro vinculo. Tengo una foto tuya color sepia pegada en la pared de mi cuarto, en un rincón improvisado que me susurra al oído el paso del tiempo cada vez que intercambio horas de vida por dinero. Desde ese ángulo de privilegio obtengo una visión panorámica de los perros que sacan a pasear sin querer a sus dueños, a la brevedad de tiempo que ocupan los pájaros al posarse en el barandal del balcón, al vaivén de la copa de un árbol morrocotudo que está justo a la par de casa, a las antiguas puertas verde ingles que me enamoraron desde que llegue a este pasaje. De fondo resuena “generación dorada” con la voz indiscutible de la negra Vernaci, provocándome amnesia temporal frente a las horas que me quedan para seguir conectada a los auriculares que serán los autores y culpables de mi futura sordera. Me acomodo los anteojos baratos que compre en algún kiosco, esos que son todos parecidos con graduaciones no autorizadas por ningún oftalmólogo. Subo y bajo las piernas de manera alternada a la silla y por fin después de infinitos tonos ocupados repica en el fondo de mis oídos una voz de fondo. Me pongo derecha y a medida que recito el speach aprendido agarro una lima para las uñas entre mis manos, la cual me recuerda mi anterior trabajo y viaja de mano en mano calmando mi ansiedad ante la batalla de las objeciones. Si la guerra es ganada se festeja con bailecito improvisado de esos que me invitan a hacer balanceos cortos de lado a lado con los hombros, pero en donde la comisura de mis labios elevados hacia arriba lo dice todo. En cambio, si me abatieron en primera instancia, aprovecho para extender mis manos al techo y volver a mi posición relajada.

    Los treinta minutos de breack antes de faltar una hora para finalizar la jornada, me recuerdan que te mande un mensaje y todavía no respondiste como pasa desde que me decís “che, vieja” en vez de mamá.


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