Lo que construimos
no tuvo testigos,
no tuvo nombre en boca ajena.
Fue un territorio sin mapas,
una casa levantada con manos temblorosas
y promesas dichas en voz baja,
como si el mundo no mereciera escucharlas.
Era nuestro.
Tuyo y mío.
De nadie más.
Y por eso duele tanto.
Porque lo que es de dos
no sobrevive cuando uno se va,
y ahora camino entre ruinas
que todavía pronuncian tu nombre
cuando el silencio se descuida.
Ya no estás.
Y al no estar tú,
algo de mí tampoco responde.
Ya no estoy como era,
porque fuimos lo que fuimos
y ese tiempo se cerró de golpe,
sin avisar que sería la última vez.
Entonces me pregunto,
con la voz rota en cada intento:
¿nos construimos…
o nos fuimos cayendo poco a poco
mientras creíamos sostenernos?
Tal vez levantamos muros
mientras jurábamos estar levantando un hogar.
Tal vez cada abrazo tenía una grieta
que elegimos no mirar
hasta que fue demasiado tarde.
Lo que fue nuestro
lo guardo aquí,
en este rincón donde el pecho pesa más que el cuerpo
y la memoria no sabe soltar.
No lo comparto.
No lo explico.
No lo entierro.
Porque aunque ya no estés
y aunque yo tampoco sea el mismo,
lo que fuimos no descansa.
Se queda latiendo torcido,
como algo que no murió a tiempo
y ahora vive dentro de mí
sin dejarme seguir.

jesus Arriaga Duran
no sé si se me ha ido la tan mala llamada “inspiración” o simplemente no encuentro palabras para transmitirte un poco de lo que siento, de lo que pienso, y de lo que soy.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión