Te sentí en el día, en el amanecer y atardecer.
Te sentí en el viento de invierno rozando mi rostro, te leí en cada poema que encontraba y te recordaba en las cartas de sylvia plath,
Te admiraba tanto como alguna vez admiré al fuego frente a mis ojos llevándose lo que él quisiera llevarse, de pronto
el fuego que yo admiraba con curiosidad genuina y mi alma desnuda
se apagó,
se absorbió,
se fue,
el fuego se llevó con sus llamas todas y cada una de mis letras escritas sin tinta que nacía en cada madrugada,
tal y como dicen que cuando algo se va hay que quemarlo en él.
El fuego seguirá siendo fuego, el fuego volverá a encenderse, volvera a causar suspiros y próximos escritos a ser absorbidos con sus preciosas llamas,
querido fuego ¿qué podré ser después de ti?
Cenizas.
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