mobile isologo
buscar...

Fragilidad.

Fer

Abr 19, 2026

27
Fragilidad.
Empieza a escribir gratis en quaderno

Nadie entendería.

Ni siquiera tú.

que me has tenido tan cerca

que podrías haber sentido

cómo me deshago…

Porque mi fragilidad

no es bonita.

No es de porcelana limpia

ni de cristal brillante.

no hay gritos

que adviertan la caída,

no hay vidrios estallando

que anuncien el desastre.

Lo mío

es más lento

Lo mío es peor:

es deshacerse

sin ruido.

es ablandarme

con los días

hasta volverme irreconocible,

hasta que ya no haya estructura,

ni forma,

ni dignidad que sostener.

Mi fragilidad

no se ve,

pero pesa.

Pesa como un cuerpo muerto

que sigo cargando por costumbre.

La manera en la que me rompo

no es un instante:

es una rutina.

Un goteo constante

de algo

que ya no sé si es sangre

o lo poco

que quedaba de mí.

Lo que soy

no se puede sostener

sin temblar.

Si me tomas entre tus manos,

hazlo con miedo.

-No por cuidarme-

ya no hay nada que cuidar.

Hazlo con ese temor

de quien sabe

que está tocando algo

que se va a deshacer entre sus dedos.

Tócame

como se toca algo

que ya está perdido.

Como se acaricia a alguien

que sabes que no va a sobrevivir.

Con esa tristeza suave,

con ese miedo inútil

de quien sabe que cuidar

ya no sirve de nada.

Tal vez eso soy.

Un enfermo terminal

sin hospital,

sin cura,

sin nombre para lo que le pasa.

Una última etapa

que se alarga como castigo

Lo más cruel

no es morirme así,

lento

deshecha

irreconocible…

Lo más cruel

es que todavía siento.

Todavía te miro

con algo parecido al amor,

aunque ya no me alcance

ni para salvarme.

Si vuelves,

si decides tocar lo que queda,

te pediría

-con esta fragilidad absurda-

que lo hagas despacio.

No para salvarme.

Sino para no darte cuenta

de lo fácil que es

acabar conmigo.

Hazte frente a mí

Déjame abrazarte.

no para perdonarte—

sino para sostenerme

aunque sea un segundo más.

Abrázame.

Por favor…

pero hazlo como se abraza algo

que ya está a punto de colapsar.

Mírame.

Mira este estado vulnerable,

pero míralo bien,

sin apartar la cara esta vez.

Mis ojos—

hechos mares de lágrimas,

salados,

cansados,

desbordándose sin dignidad,

como si llorar fuera lo único

que todavía sabe hacer mi cuerpo.

No los limpies.

No los niegues.

No digas que todo va a estar bien.

Porque no lo está.

Mira cómo tiemblo,

cómo apenas me sostengo,

cómo cada parte de mí

está pidiendo rendirse.

Déjame…

déjame terminar de romperme

frente a ti.

Quiero que lo veas.

Quiero que seas testigo

de la forma exacta

en la que me deshago.

De cómo tu ausencia,

tu frialdad,

tu forma de irte

sin terminar de irte nunca…

me dejó así.

Porque sí

aunque te cueste sostenerlo en la mirada

tú eres la causa.

Eres la grieta inicial,

el primer quiebre,

la herida que no cerró

y terminó infectándolo todo.

Y aun así…

mírame qué absurdo,

qué patética

qué profundamente rota

sigo queriendo tus brazos.

Sigo buscándote.

Quédate.

Aunque sea esta vez.

Aunque sea

para ver

cómo termino de desaparecer

justo ahí,

entre tus manos.

Dame un último beso.

No importa

si mis labios están pálidos,

fríos,

partidos

heridos por esa manía

que nunca dejé

y que tú siempre odiaste

como si fuera lo peor de mí,

Bésame.

Bésame con lástima,

con ese resto de humanidad

que te quede en la boca.

Dime que me extrañaste,

aunque sea mentira,

aunque se te quiebre la voz

de lo poco cierto que suena.

Dímelo

para ver si algo en mí

todavía responde.

Mírame así,

desgastada,

frágil hasta lo obsceno,

temblando como algo

que ya no debería seguir de pie.

Déjame romperme.

Aquí.

En tu cara.

Sin esconder lo feo,

sin disimular lo roto,

sin dignidad que salvar.

Déjame caer

justo cuando me estás tocando,

para que sientas

lo fácil que es perderme.

Tenme lástima.

Sí, eso.

No amor,

no ternura real

lástima.

Porque es lo único

que tal vez te haga quedarte

un segundo más.

A ver si esta vez…

si esta vez,

viéndome así,

tan débil,

tan rota,

tan imposible de sostener,

puedes quedarte.

Aunque sea

hasta que mis labios

dejen de temblar,

hasta que el frío

termine de instalarse,

hasta que ya

no quede nada en mí

que puedas abandonar otra vez.

Déjame decirte que te extrañé,

con la voz cortada—

muy cortada,

hecha pedazos en la garganta

como si cada sílaba tuviera que atravesar vidrio

antes de salir.

Déjame decirlo mal,

temblando,

sin orgullo,

sin fuerzas para sostener ni siquiera mi propia voz.

Te extrañé…

así,

roto,

así incompleto,

como todo

lo que quedó de mí.

Y abrázame.

Abrázame fuerte

aunque sepas

que no hay nada firme que sostener,

aunque sientas

cómo me hundo

mientras intentas rodearme.

Abrázame

como si el cuerpo recordara algo

que nosotros ya olvidamos.

Abrázame

como se sostiene algo

que ya está colapsando.

Apriétame

y siente cómo cedo.

Cómo me hundo.

Cómo no hay estructura,

ni fuerza,

ni nada

que te devuelva el abrazo completo.

Apriétame lo suficiente

para ver si entre los dos

queda aunque sea un resto,

una chispa mínima,

algo torcido,

defectuoso,

pero vivo.

Porque solos

ya no somos nada.

Pero tal vez—

solo tal vez—

si me sostienes

mientras termino de quebrarme,

algo de los dos

pueda volver

siquiera

a existir.

Dime.

Dime que soy tu reina

otra vez,

aunque mi trono sea polvo,

aunque el reino que juraste cuidar

yace derrumbado

con tu nombre grabado en cada ruina.

Dímelo

aunque sepamos

que no queda corona,

ni tierra,

ni nada que gobernar

más que este cuerpo

hecho escombros.

Dime

que soy tu niña chiquita,

aunque ahora esté reducida

a fragmentos torpes de lo que fui,

a pedazos

que ni yo reconozco,

a restos

que ya no encajan

ni siquiera en mí misma.

Dímelo

aunque suene cruel,

aunque sea mentira,

aunque lo digas

mirando todo lo que rompiste.

Llora.

Llora ahora

que decías

que odiabas verme llorar,

¿Ya no?

¿Ya no te duele?

Mírame bien—

mírame caer

sin fuerzas,

sin orgullo,

sin nada que esconder.

Llora por esto,

por lo que hiciste,

por lo que dejaste de hacer,

por todo lo que se murió

Siente algo.

Por favor.

Aunque sea tarde,

aunque sea inútil,

aunque ya no alcance

para salvar nada.

Siente el peso

de este desastre que dejaste,

siente cómo aún respiro

entre los restos,

cómo aún te busco

con lo poco que queda de mí.

Y vuelve.

Pero vuelve de verdad.

No como antes,

no a medias,

no con un pie afuera

y otro aquí rompiéndome.

Vuelve

y quédate.

Quédate

aunque ya no haya belleza,

aunque ya no haya nada intacto,

aunque todo lo que encuentres

sea esto:

yo,

rota,

pequeña,

irreparable…

esperando

que por una vez

no te vuelvas a ir.

Fer

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión