Alguna vez me contaron la historia de Emilio.
Emilio, sencillito y bienhechor; contaban las vecinas que se las sabían todas que venía de barrio humilde, que había salido adelante por los sacrificios y pleitos que había rendido su madre. La señora Dalia, era procedente de donde el tomate de árbol se usa de ají, donde el estruendo del club Marfil en plena esquina del centro desata paso y tamborireo, y donde no hay cabida a las oportunidades para los de bien, para esos cuerdos. La erosión de su años mozos y la persecución de los infortunios en su hogar natal la cambió, obligada a desplazarse en búsqueda de un auspicio mejor.
Emilio era policía y tenía un Dodge Dart del setenta y uno, un sueldo estable y las ideas bien puestas –o eso pensaba–. Puertas para adentro era otra cosa, apeñuzcado con la imposibilidad de encontrarse con sus sueños, pero amarradísimo a la mujer que amaba desde que la coincidencia se volvió destino, desde que la vio danzante en medio de una de esas noches de tanto desencuentro, cuando intentaba pescar un atisbo de sentido.
Buscaba su figura como un imán y su mente lo gobernó sin chistar, para Emilio era su adoración y también el inicio de su perdición, era esa conexión que nunca se volvería a dar, bajo unas condiciones que nunca volvería a prestar. Perdido en medio de su devoción, no fue justo a la hora de entregar, su egoísmo era mayor a la afabilidad y el desgaste era algo intolerable. La sometió a una resignación degradante, a una vida a medias que ninguno de los dos podía ya soportar.
De un tiempo para acá siempre veía al mismo encapuchado salir de la fachada del edificio a las seis de la tarde, se cuestionaba si era parte del complejo de apartamentos, si era vecino suyo, si se lo habría cruzado antes y le habría dirigido palabra alguna. Esa sonrisa se le hacía conocida, como si la hubiera visto antes; en medio de una de esas charlas amenas del corredor, o cuando lo cotidiano se vuelve excusa para encontrar conversación.
Lo percibió en sus sentidos apenas aparcó en el estacionamiento que seguía en penumbra, sabía que estaría ahí. Y salió disparado del auto, a la misma hora, en el mismo lugar. Lo paró ahí de una estocada, chocándose de lleno a escasos metros del portón, furibundo, como si el escozor de un fierro caliente le endureciera los nudillos y le entumeciera los dientes. «No se olvide que somos ambos, no usted nada más», al escucharlo cayó en cuenta de la verdad de sus palabras, que los rumores se esparcieron a sus cuestas y con obviedad. Quien hubiera visto a Emilio habría atestiguado las previas de un acto atroz, que quería alzarse y fulminarlo, que quería terminarlo todo ahí mismo y sin pensarlo más. Pero el amotinamiento en su corazón era fatal, tenía en los labios la misma colaboración sombría de cuando se enteró, cuando una regurgitación se arrastró por su garganta y casi no da para más; pero se escapa al énfasis indecible del sentir, él lo sabe perfectamente, el anhelar la piel y el toque ajeno no venía solo de su mujer. El fogón iba a fuego lento, ese aparatoso anhelo que recrudece en sus entrañas, que lo hace temblar, porque también lo desea, al igual que ella.
No resistió el avasallamiento de descubrirlo, de mancharse las manos en el proceso. Se desplomó sobre el andén después, desparramándose en la superficie irregular del cemento, Emilio no lo dimensionaba mientras el filo de acero lo hendia y le quitaba el aliento. El chaleco perforado hasta llegar a su vientre, atravesado. El espesor revosante le manchaba el torso, pero nada dolía más que no tenerlos, Emilio habría jurado en ese preciso instante que lo intentaría; que iban a permanecer juntos, maleables a sus anhelos.
No sabía si era un acto de condolencia, sabía que no era contendiente a la imbatibilidad que lo presionaba, porque no era conocedor de tal sentimiento, no sabía si iba a ser el lugar idóneo para morir de amor o para verterse en deseo. Pero por ella, se desgarraría de adentro hacia afuera, solo por ella querría ceder, aunque le costara el resto.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión