Feliz cumpleaños,
amor…
Hoy no soplas velas,
soplas mi nombre
fuera de tu boca,
como si quemara,
como si pronunciarme fuera
otra forma de pecado.
Tu silencio
—ese que dejaste colgado en mis paredes—
me enseñó a hablarme feo,
a mirarme
como se mira un cuerpo en la morgue:
con distancia,
con asco,
con la certeza de que ya no hay
nada que salvar.
Me enseñó
a ser cruel…
pero no con el mundo
eso sería demasiado fácil.
Me enseñó
a destrozarme a mí.
A abrirme el pecho
con pensamientos,
a repetir tu ausencia
como una oración torcida,
a decirme
que no fui suficiente
hasta que la frase
se volvió carne
y la carne se volvió herida.
Y mírame…
aprendí bien.
Ahora soy inhumana,
camino con los ojos secos
y el alma desbordándose por dentro,
como un vaso roto que aún intenta contener agua.
Soy violentamente triste
de esa tristeza
que no llora,
que muerde,
que rasga,
que se queda despierta
a las 3:00 a.m.
contando las formas en que pudo haberte retenido.
Hoy es tu cumpleaños
y yo sigo aquí,
celebrando el día en que naciste
como si no fuera también
el día en que empezó mi condena.
Porque amarte
fue aprender
a desaparecer
despacio,
fue ver
cómo me iba quedando sin piel
mientras tú
te ibas quedando sin mí.
Y aún así…
hay noches
en las que me repito tu nombre
hasta que pierde sentido,
hasta que suena
como algo muerto,
como algo
que ya no debería doler…
y aún así duele.
Duele
como si tu cumpleaños
fuera también
el aniversario exacto
de mi ruina.
Qué asco me doy,
porque si volvieras,
si tocaras la puerta con esa voz
que todavía
me tiembla en los huesos…
yo abriría.
Feliz cumpleaños,
amor…
ojalá el mundo
te trate mejor
de lo que yo me trato ahora,
ojalá alguien te mire
sin romperse después.
Porque yo…
yo sigo aquí,
aprendiendo a sobrevivir
con todo
lo que dejaste en ruinas.
Y lo más cruel de todo…
es que aún
en medio de este desastre,
aún siendo esto
que soy ahora
una versión rota
aspera,
irreconocible…
Es odiarte…
y odiarme más
por no saber hacerlo bien,
por seguir sosteniendo
los restos de alguien
que ya no está.
Una parte de mí
sigue pronunciando tu nombre
como si todavía
significara hogar.
Feliz cumpleaños

Fer
Nunca aprendí a domar la nostalgia de este cuerpo adicto a tu ausencia. Rezo por tu ternura y repito tu nombre como un padre nuestro fúnebre frente al vacío.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión