Dame una señal para seguir.
¿Debo quedarme aquí?
Háblame en aquel idioma
que solo nosotros entendemos.
¿Estoy suplicando?
Hoy te desconozco.
No sé quién está frente a mí.
Pareces un extraño.
¿Es este extraño a quien amo?
Miro tu rostro
y no logro encontrarte en él.
Pero entonces...
¿Por qué amo tanto a este extraño?
Al tocarte,
rozo la pérdida con la palma de mi mano.
Es tan fría como el invierno,
tan dolorosa como mil púas
estrangulando mi pequeño y olvidado corazón.
No quería perderte...
¿Perderte?
¿Acaso alguna vez fuiste mío?
Lo pienso, llena de angustia,
mientras mi alma es arrastrada
por un mar de lágrimas.
Dime quién eres.
Dime por qué debería quedarme.
O dime, de una vez,
si aquello que amé
ya no existe.
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