Que extrañeza de cordura
no hallarle atractivo al tinto,
comprender que si bebo
una copa, bebería al abismo;
un desconsuelo casi barbárico.
Que extrañeza de cordura
para el alma que se desvivió
entre vinos y cigarrillos,
persiguiendo al olvido
sin alcanzarlo jamás.
Mi cordura será extraña
para el sol ajeno,
pues entiendo que mis suspiros
no tienen salida
por dónde huir de ti.
Primeramente, porque no cargo en mi
bolsillo del corazón razones
concretas para inventarme
sin vos.
Sé que si direcciono
un latido a otro
baile diferente y llano
que no sea nuestro tango,
lloraré a mi silencio
en las noches mientras
nos abrazo.
- Sergio H. Espinola
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