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Evento sucesivo de decepciones

Jan 6, 2026

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Evento sucesivo de decepciones
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Todo está perdido. No caza ni una. Parece escrito en sánscrito. Ni una sola pregunta le suena de algún lado. ¿Qué hacer ahora? Relojea para la derecha. Maidana está inclinado, con la cabeza a pocos centímetros de la mesa, como si disfrutara del aroma de la hoja de papel; su mano derecha escribe compulsivamente mientras que la izquierda es una muralla alrededor del examen, obstruyendo cualquier intrusión de los copiones. No se puede creer, siempre el mismo alcahuete. ¿Para qué acumular tanto conocimiento si después no lo comparte con el prójimo? Desvía la mirada hacia su izquierda. Bianco está mucho más perdido que él, dibujando florcitas y simbolitos de la paz en los márgenes. Adelante está Uriaga. A lo mejor ella le puede dictar alguito. Pero no se anima a susurrarle, nunca antes le había dirigido la palabra, mirá si justo lo iba a hacer ahora. Mínimamente, lo mandaría a cosechar espárragos en la Polinesia. Tantea sus bolsillos. En una de esas, confeccionó algún machete y no se acuerda. No tiene tanta suerte. Hacerse el enfermo como en Filosofía no le conviene. Esta profe se la tiene jurada de hace rato, no se va a compadecer de él como el viejo Montoya. Otra materia perdida. Una más que se agrega al listado. De una, aunque sea una, quería zafar. Ahora se fija si puede escribir algo, aunque sea una pequeña tontera con tal de no dar tanta lástima. Primera pregunta: “Capital de Francia”. Está comenzando a trazar la N pero de repente abandona la escritura. Capaz que sea más digno entregar en blanco en lugar de poner cualquier cosa. Si lo mismo se va a sacar un uno. Sin embargo… sí, lo mismo se va a sacar un uno, pero entregando temprano la profe lo va a fichar. No le conviene quedar mal. En diciembre puede llegar a recordar su cara, asociarla con la del estudiante que siempre entregaba temprano con el examen en blanco y, por esa sola razón, bocharlo. Qué más da. Completa la palabra “Nueva” y le añade la palabra “York”. Segunda pregunta: “Río principal de América del Norte”. Comienza a delinear la “S” de “Suquía” y… ¡Basta! No lo resisto más. Ser testigo de un estudiante que sufre y no poder hacer nada… Yo también fui joven, también fui a la escuela y sé muy bien lo que significa pasar por esto. Che… Flaco… Escuchame… ¡No! ¿Cómo vas a poner que el cerro más alto del mundo es el Uritorco? ¡El Everest! Flaco… Flaco… Mirá, por acá afuera… No hay caso, no me escucha. ¿Quién me manda a hacer esto? Ayer me tocó narrar una historia sobre el piloto del Titanic y ahora esto. Un pobre chico que está hasta las manos. ¿Por qué no me hicieron narrar el examen de Maidana? ¡Cómo les gusta hacerme sufrir! Aunque… pensándolo bien, debe ser un embole tener que narrar el examen de Maidana. Ahí lo tenés a ese pendejo botón, meta escribir velozmente… ¡Pará, pibe, que le van a salir chispas a la lapicera! Pensándolo bien, prefiero toda la vida ser el narrador del examen de este flaco. Total, esto también le va a servir de aprendizaje; los aplazos, los fracasos, las miserias, al final te van curtiendo. Porque la vida es eso, flaco, la vida es un evento sucesivo de decepciones. Un día sos un estudiante de literatura exitoso y al siguiente estás ahí, como narrador de cuentos berretas. Eso, flaco, seguí sanateando como lo venís haciendo, que es lo más sano del mundo. ¿A quién le importa si la capital de Australia es Melbourne o Chubut? Bueno… Me parece, flaco, que te estás yendo de mambo. Hubiera sido mejor, digo yo, si entregabas en blanco. Eso más que un guitarreo se está pareciendo a un concierto de Paco de Lucía. ¿No te da vergüenza? Yo a tu edad era un buen estudiante, me pelaba las pestañas estudiando con tal de aprobar una materia. Por algo llegué hasta donde estoy ahora, a base de mucho esfuerzo. Como se está esforzando Maidana en este mismo instante. ¡Ese es un estudiante! Un ejemplo de futuro ciudadano… ¡Flaco! ¿Ya te estás parando para entregar? Pará un poquito, si nomás te faltan dos preguntas. Dale… no seas malo, inventá un poquito más. Ah, te vas. Quedamos así, entonces. Se ve que no entendés que te estás perjudicando, que quedás mal con el personal docente, estropeás tu futuro y, encima, me perjudicás a mí. Ahora tengo que terminar este relato acá y me quedo sin nada sustancioso para ofrecerle al lector. Pero, qué querés, todos estos personajes son iguales.

Nahuel Siandro

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