¿estás ahí?
no, pero de verdad, ¿estás ahí?
¿estás ahí cuando hablo sola, escuchándome desde algún rincón de la casa?
¿estás ahí cuando salgo a fumar y miro al cielo imaginando cómo me regañarías si me vieras haciendo lo que tanto te molestaba?
¿estás ahí cuando veo tus fotos y te devuelvo la sonrisa, pensando en que tal vez podría transmitirte algo de tranquilidad?
¿estás ahí?
por favor, necesito una señal. que no te vayas. que no seas un fantasma. de esos ya tengo muchos.
me quedaron tantos abrazos por darte, tantos «te amo» atragantados que me siento al borde de la asfixia, tantas ganas de escucharte decir una vez más que estabas orgulloso de mí.
me enseñaste a vivir, pero qué dolor, qué pena que no me hayas podido instruir en cómo seguir el día en que me agobiara tu ausencia.
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