Están vaciando la reserva humana en Argentina.
Mar 27, 2026

La reserva humana de la Argentina es la solidaridad. Esa reserva es una construcción social, tejida de generación en generación. Cocinada al fuego lento de una cultura que atravesó problemas, conflictos, hechos límites. Cocinada con condimentos de diferentes actividades. Atravesada por el cine, por el deporte, por la literatura, por el teatro, por la música, por la fuerza y por la imaginación y tantas cosas más, igual de importantes.
Hoy Argentina tiene un gobierno de extrema derecha que entrega el patrimonio del país, genera un industricidio a plena luz del dia, endeuda nuestra economia casi como nadie y plantea reformas laborales mas parecidas a la esclavitud que a la modernidad de la que se jacta. Se enriquece ilícitamente. Insulta a cada una de las minorías sociales. Dice amar la ley y el orden, sin embargo reinan las ilegalidades desde el estado y el desorden social desborda las calles. Propone y alienta el individualismo extremo, enemigo número uno de nuestro patrimonio, de nuestra fuerza solidaria.
Para que todo esto se lleve a cabo es necesario que la gente de una u otra manera lo avale, que no levante muchas críticas y que dude en manifestarse en contra. Para eso la extrema derecha necesita ganar la famosa “batalla cultural”, imponiendo valores diferentes a los que supimos construir. Usando la fuerza de la hegemonía mediática de monopolios de antaño, que hoy se emiten mayoritariamente por celular, la derecha logró su cometido parcialmente.
Nuestra vida se divide entre nuestras actividades de intercambio humano y la comunicación virtual, siendo esta última, en la mayoría de las personas, la que más tiempo les ocupa. Allí el paradigma son las redes sociales, el “mainstream” que nunca se apaga y al que volvemos con rapidez una vez que nos fuimos. Muchos hablan de los aspectos negativos de las redes sociales con aires de superioridad. Tanto progresistas como conservadores ponen la lupa y destacan comportamientos por sobre el resto. Son los medios progresistas los que hacen mayor foco en la violencia que se ejerce en las redes sociales.
En general se considera el "hateo" como el principal y casi único aspecto negativo que tienen plataformas como YouTube, Instagram, Twitter, What 's App, Facebook o Tik Tok en cuanto a interacción entre personas se habla. Se denuncia cómo las personas de manera cuasi anónima descargan odio e insultos en redes. Señalan mostrando sus dedos acusatorios sin pudor. Sin embargo, y más allá de coincidir en que el "hateo" es un mal de estas épocas, el progresismo mediático no se hace cargo, una vez más, de sus propias miserias. La tibieza del progresismo siempre es permeable a los vientos de época, y en estos años de pantallas omnipresentes, se repite en comportamientos por redes sociales tan nocivos como los señalados “hateos”.
El progresismo mediático, el rival de esa hegemonía de medios de comunicación que persuade las mentes de la mayoría, muestra su hilacha tibia. La muestra con su coro cotidiano de verdades homogéneas que solo representan a un pequeño sector de la clase media deteriorada de la ciudad de buenos aires. Coquetea con realidades marginales esporádicamente, como esas peliculas norteamericanas que tienen en su staff a un negro, un asiatico, un homosexual y un discapacitado para justificar toda la basura que luego expondrá ideologicamente, cubriendose de criticas futuras por falta de inclusión. Uno podría ser incluso muy preciso indicando de qué realidad hablan esos comunicadores progresistas cuando opinan, nombrando los poquitos barrios porteños por los cuales se mueven.
El contexto del país en el 2026 muestra con tristeza que esa batalla cultural de valores se está perdiendo. Así como los políticos progresistas se aburguesan al llegar al poder, los comunicadores progresistas también. Y no es casualidad que ese aburguesamiento se exprese en estos tiempos. Los vientos modernos, como señalaba, son aires de individualismo extremo, de crueldad por diversión y de una empatía selectiva. Ahí es donde aparece el progresismo mediático, y en el cual quiero hacer foco, porque de la hegemonía no espero nada. Ese progresismo representado en canales de youtube con programación extensa, influencers y los medios tradicionales. El progresismo, víctima de su tibieza natural, es una fácil presa para el voraz monstruo liberal que no necesita siquiera cuidar sus formas para establecer nuevas reglas y modos.
“Hateo” y “visto”, las violencias de hoy…
La solidaridad en Argentina sigue existiendo y creo que nunca se va a perder del todo. Sin embargo, muy a mi pesar, hoy en las calles no se ve con mucha frecuencia. Las peleas callejeras se multiplican, los malos tratos en comercios entre consumidores se agudizan. El apuro de las personas en la calle para llegar, vaya a saber uno a donde, se combina con el consumo de redes sociales y encierra a la gente en cárceles algorítmicas invisibles pero tangibles incluso cuando uno camina por la vía pública. Sucede también en momentos donde uno podría apostar que no puede suceder. Se dan situaciones bizarras, y así se puede ver a una señora haciendo esfuerzos sobrehumanos para no desprenderse del caño en el colectivo, mientras juega un juego ridículo en su celular. Y así como la solidaridad está apagada en las calles, menos se ve en las redes sociales, donde el anonimato es un factor de tentación en estos tiempos para volcar expresiones de odio de diferentes índoles y exacerbar el consumo hiper individualista.
Esos progresistas que se jactan de muchas ideas colectivistas, que dicen representar a la clase trabajadora y que nos enseñan sobre empatía (selectiva) tienen, en general, una actitud que encaja perfecto con el clima de época. Como periodista puedo relatar muchas historias, en general tristes. Tristes porque a mi me apasiona la comunicación pero no tengo amigos en los medios, ni familiares y soy de clase baja. No tengo dinero para invertir en nada, solo tengo pasión y un título obtenido gracias a mi dedicación y con el viento a favor de un país diferente, en otra época.
El querer trabajar por una paga de lo que estudié, con mis características, resulta imposible. Solo sería posible si el algoritmo hace viral alguno de mis videos. Si no, no. El nepotismo y amiguismo son la regla número uno en los medios progresistas. Y los pocos que podrán acceder al medio, sin tener nada que ver con este, son aquellos chetos (ó aspirantes a) que pueden destacarse del resto consagrando y exhibiendo grandes medallas académicas y formaciones complementarias (pagas) y manejando equipación tecnología moderna. Mis características, que en otro momento hubiesen sido un gran obstáculo que podría llevarme mas tiempo superar, hoy, es un factor determinante para que nunca alcance mi objetivo.
Cómo mencione al empezar, el "hateo" es señalado como una acción de las más negativas de las redes. El ignorar a un colega que está en clara desventaja, que intenta comunicarse para tener posibilidades de trabajar, también lo es. No soy el único que lo sufre. Ni en el presente, ni en el pasado y vendrán más en el futuro lamentablemente.
La mayoría de los progresistas de los medios, con el aval de la época que atravesamos, ignoran a las personas como yo a través de las redes sociales cuando uno acude en busca de ayuda para integrarse al medio. Antes seguramente también lo hacían pero hoy es más fácil convencerse de sus propias mentiras para hacerlo. Internet se encargó de construir un gran “muro kafkiano” que despersonaliza a los débiles y a los privilegiados. De esa manera, y de la mano de las redes, el terreno está listo para que los “comunicadores progres” se crean sus propias mentiras y sus excusas sean percibidas por ellos mismos como acciones naturales sin repercusión negativa en los demás. Muchos dirán que exagero. Muchos no me creerán. Muchos inmediatamente dejarán de leer estas palabras. Sinceramente no me importa. No me importa absolutamente nada ya. A todos los que les guste ponerse ese saco pueden irse bien a la mierda. Tengo infinidad de ejemplos de múltiples personas de la radio, de la televisión, del streaming, de los medios que alguna vez fueron gráficos y hoy son digitales. Son muy parlanchines para explicar el mundo, o parodiarlo, pero bastante pusilánimes para poner en práctica un poquito de todo de lo que se jactan ideológicamente.
Muchos colegas como yo, con los que he hablado en persona y por redes, me confirman estas actitudes. Por desgracia no todos quieren/pueden exponerse a contarlo, y los entiendo. Serás una mancha venenosa, como yo. Serás el que va a ser ignorado, probablemente aún más, como yo. Pero denunciarlo es tan liberador, se los recomiendo.
A la ya injusta forma de conformarse los medios se le suma que encima, en general, cuando les escribís a alguno de los que trabajan en esos medios que dicen representarme te ignoran o te arrojan respuestas de compromiso para sacarte de encima. Cuando digo la injusta forma de conformarse, refiriéndome a los medios, quiero decir que los medios progresistas se nutren mayoritariamente del amiguismo, del contacto, del familiar y los pocos lugares que destinan a alguna convocatoria abierta esporádica es para los privilegiados de clase como mencioné. Los que tienen algún título más, los que pudieron hacer ese curso que te da equis habilidad “moderna”. Está destinado para los universitarios, los destacados “chiques” que se “merecen” un lugar. Es vomitivo la verdad, y sobre todo difícil de digerir por lo menos para mi. Las convocatorias abiertas con igualdad de posibilidades es la única opción de empezar a revertir algo que tiene que expresarse en una ley (como fue por ejemplo la olvidada “ley de medios” que a grandes rasgos democratizaba la comunicación). Pero a “les pibis progres” esto mucho no les importa, y la época ayuda. La época que nos absorbe la solidaridad con el de al lado en el colectivo, con el que tiene un problema y es tu vecino, con el que trabaja en el mismo edificio, ó con el colega desconocido que te escribe, y así con todo.
Gracias al extenso material recabado con estos caretas que les contaba en diferentes redes sociales, diferentes charlas, y hasta algunas por zoom viendo las caras, gracias a todo eso, es que empecé a escribir “Las crónicas de un Periodista (frustrado)” . Porque tenía que expulsar esa mierda. Mierda proveniente de quienes supuestamente me defienden como trabajador en los medios de hoy. Tan infames y traidores como los políticos que con el escudo del histórico partido peronista votan leyes que destruyen las conquistas de anteriores generaciones para la posteridad. Son tan salames algunos que tuve que contenerme para no exponerlos con nombre y apellido. Eso no está bien creo, entonces opté por lo que me apasiona, o por lo menos una de las cosas que me apasiona: escribir una crónica con elementos de ficción y de la realidad. Ellos, y quizás vos que lees esto elegís no creerme, no ser interpelado, no hacer nada, relativizar, mirar para otro lado, creerte tu propia mentira, construida por vos o heredada de algún otro colega pelotudo. Pero créeme que es gravísimo y trae consecuencias dañinas para quien se las fuma.
No se molestan en pedir disculpas si les insistís para saber como hacer para mostrar material. No les importa lo que te costó estudiar periodismo. No te hablan y te ignoran. La respuesta de porque lo hacen es devastadora: porque pueden. Porque así como Rubén que tiene un kiosko odia a los peronistas y descarga su “gorilismo” en un comentario de instagram contra Lali Espósito sin ninguna consecuencia, el “chique” de “El Destape”, de “FutuRock”, ó de los “Gelatina” de la vida ve mi mensaje pidiendo ayuda con una breve descripción de mi situación precaria y decide clavarme el “visto” sin ningún remordimiento ni consecuencia. Las dos acciones producen efectos negativos en quien las recibe: La del kiosquero Rubén y la del “chique” progre. Y la gravedad en esa negatividad reside en la personalidad de quien la recibe, es decir, que ninguna es más negativa que la otra, por más verborrágico que sea el pobre Rubén.
La reserva humana de Argentina está en peligro producto de la derrota parcial en la batalla cultural. Sin solidaridad ni siquiera de quienes dicen defendernos (políticos, periodistas, comunicadores) es muy difícil por el momento dar vuelta la tortilla. Muchos progresistas en sus programas incluso bromean hablando de cómo ignoran los mensajes de las personas desconocidas, sin importarles la falta de trabajo, la falta de oportunidades y de lo duro que es que te apasione algo y que no puedas trabajar de eso, habiendo estudiado. Se justifican alegando lo invasiva que es la gente o su falta de tiempo, pero se olvidan que los medios de comunicación implican justamente, comunicación. Y que la comunicación no siempre tiene que ser un mensaje de voz al programa diciendo que te gusta su contenido o que se va a hacer miembro del canal para ayudar la autogestión, o adulaciones personales que les sube el “ego progre”. No. Si perdés comunicación con la gente, con tus colegas, entonces ya no sos comunicador porque te está faltando lo fundamental para que efectivamente lo seas: comunicación horizontal.
Para las pocas convocatorias abiertas que realizan los medios de comunicación (progres o hegemónicos), la barrera de RR. HH. de cada empresa es vital. Allí los criterios de selección los dominan las personas que más privilegios de clase tienen como mencioné antes, es decir, quienes tengan más “medallas académicas” estarán por delante en la fila. La experiencia previa en determinados medios también suele ser crucial, como también el barrio en que vivís, tu estética, tu orientación sexual y género, tu edad, los elementos y/o equipos de trabajo con los que cuentes, y más. Todos los criterios que tienen las personas de RR HH están ligadas directamente a las pretensiones que el mercado (siempre liberal) les impone, que son las anteriormente mencionadas.
Si estudiaste periodismo y te recibiste, tenés derecho a tener la oportunidad de desarrollar tu potencial en un medio que minimamente te represente ideológicamente por una paga.
No te creas las mentiras instaladas: “si sos bueno se te va a dar”. Es al revés, me tenés que dar la oportunidad, porque estudié, de ser todo lo bueno que puedo ser, y de competir en igualdad de condiciones para, en algún momento, trabajar de lo que me apasiona y de lo que me formé académicamente.
La reserva humana de la Argentina está en riesgo porque quienes se quisieron poner el traje para defenderla, les queda grande pero no quieren pedir otro talle. Hola nepotismo, hola amiguismo, es el “visto” otra vez, no es nada grave.
Marco Aurelio Maldonado
Soy periodista. También escribo guiones para producciones audiovisuales, me gusta editar y filmar. Tengo un canal de YouTube de humor junto a mi compañera, les dejo el enlace 👇
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