Enciendo el sahumerio, liberando esporas contemplativas.
Mi razón desaparece; me dejo llevar por esas oleadas de humo.
Enciendo mi cigarro, el cual da punto aparte al momento.
Cultivo la música, eligiendo la sintonía que va a resonar en mi corazón.
Comienzo a respirar.
La sintonía de ese humo empieza a fusionarse con el cultivo.
Esas esporas comienzan a nutrirme,
dejando mi piel en estado de trance,
donde todo es onírico y la realidad se convierte en infinita.
Malabareo en ese aroma,
naufrago en ese sonido,
y me desentiendo en esa bocanada.
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