Hay días en los que me siento profundamente espiritual.
Me levanto con ganas de agradecer, prender un incienso, de ordenar mi cabeza, de hacer las cosas desde la buena vibra.
Me prometo paciencia, amor propio, responder con calma, respirar, no llevar a rastra lo que no me suma. Dura poco la iniciativa, pero la intención está.
Después, en ese mismo día, me enojo por nimiedades, insulto a diestra y siniestra, stalkeo a personas que juré soltar y deseo prender fuego a muchas otras personas.
¿Entónces qué? ¿Soy una u otra? ¿Hay una constante colisión de personalidades?
Lo entendí mucho después de esa constante crisis nerviosa, no soy una cosa o la otra. Soy todo junto, sin orden ni coherencia.
Puedo creer en señales del universo y, cinco minutos despúes, tomar decisiones impulsivas.
Puedo escribir cosas profundas en un cuaderno y sentirme totalmente fuera de lugar, como si mi alma trasendiera de otra época. Y luego reírme por un meme totalmente estupido como si fuera el descubrimiento del siglo.
Rezo mentalmente por calma, y luego entro en persecución mental porque no me responden un mensaje. Todo convive, todo soy yo.
Me gusta pensar que estoy en un proceso, aunque ese proceso incluya contradicciones evidentes. Quiero ser buena persona, pero quiero experimentar la vida en todo su explendor, incluyendo lo malo.
quiero cuidar de mi salud, pero suelo tener adicciones que atientan contra ella. Quiero paz, pero me encanta la intensidad.
Son batallas que suelo tener día a día, y que normalmente no suele ganar el bando "correcto".
Y hay algo liberador cuando entiendes que no es necesario tener una sola version de ti, sería preocupante si solo tuvieses una versión, la verdad.
Que puedo ser sensible y sarcástica, profunda y superficial, ordenada y una bomba atómica andante. Que puedo buscar sentido y estabilidad y, al mismo tiempo incertidumbre y aventura.
De pequeña escuchaba muy seguido, "debes definirte mejor" "saber quien eres". Como si ser muchas cosas fuera un error, un pecado.
Hoy creo lo contrario, soy muchas cosas porque estoy en constante cambio, porque pruebo cosas, porque siento, porque dudo y no me conformo con una sola forma de estar en el mundo.
Y tal vez, no sea incoherencia. Tal vez sea humanidad. Tal vez esa mezcla rara y amorfa sea mi equilibrio imperfecto. Y aunque suelo juzgarme por no ser completamnete una u otra cosa, también me reconozco en ese desorden de ideas, creencias y tradiciones.
No soy un manual, ni una version pulida de como debe ser una persona. Soy un intento constante de hacerlo mejor, con algunos desvíos, risas, contradicciones y momentos de lucidez.
Y, honestamente, no cambiaría esa mezcla.
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