Una vez escuche a alguien decir que cuando sientes dolor, piensas que nunca acabará, pero si lo hace.
Bueno, esto parece no querer acabar.
Todo comenzó bien, normal, era imposible predecir que algo pasaría. Pero la vida es impredecible, ¿no?. Dentro de unos minutos podrías morir y ni tú ni nadie sería capaz de adelantarse a los hechos. Eso es lo que hace todo más doloroso, que sea inesperado.
Se podría decir que era feliz. Todo aquel que haya estado alguna vez en una relación sabrá a lo que me refiero.
Cuando conoces a alguien y se eligen mutuamente sientes que podrás contra todo, es algo lindo de sentir. El calor de los brazos de esa persona, las caricias inconscientes cuando están tomados de la mano, los latidos del corazón del otro resonando en tus oídos, el confort familiar al sentir una sonrisa en el medio de un beso. Tal vez te suene cliché, de hecho, actualmente también me parece una estupidez, pero en ese momento no lo hacía. Ninguna relación es perfecta, los problemas se presentan afectando tanto a uno como a los dos, lo importante es saber sobrellevarlos o tratarlos. No todos estamos listos para eso, es algo que aprendemos en el proceso.
Pero no todos los problemas se pueden tratar, a veces uno de los dos se niega, y otras veces es demasiado tarde. Es irónico, porque nunca es tarde para solucionar o tratar algo, el tiempo lo ponemos nosotros mismos.
Es como un nudo, primero se arma, lo que viene después es lo importante. Debemos elegir entre desenredarlo —solo o junto a alguien, eso es lo de menos, aunque generalmente todo es más fácil cuando tienes a otra persona ayudándote o guiándote— o solo dejarlo ser. Puede pasar una hora, una semana, un mes o un año. El nudo seguirá estando presente, quizás con menos fuerza que antes. Hay que elegir, ¿quiero que este nudo siga existiendo? Si la respuesta es no, no importa cuánto tiempo haya pasado desde que se creó, lo desataras, con poco o mucho esfuerzo, da igual, porque tarde o temprano dejará de existir. Ahora, si la respuesta es sí, bueno, te amigarás con el nudo y dejará de ser un inconveniente para ti.
Nosotros ponemos el límite, nosotros somos los culpables de que nuestros problemas no se solucionen. Porque es nuestra elección y la vida es un conjunto de decisiones.
Yo tuve un nudo. Bueno, en realidad, alguien creó un nudo en mi vida. Ese alguien era mi novio hace una semana. Él hizo lo posible para que yo no lo viera, pero hizo más y más nudos sobre este, tantos que eran imposibles de ignorar. Él eligió escalarlos, pero no me llevó consigo.
Diría que el amor es estúpido, ignorante y autodestructivo, pero sería una mentira, nosotros lo somos.
Dejé pasar todo, las mentiras, las huidas repentinas, las corridas de cara, los silencios que antes no existían, la incomodidad en situaciones que debían ser románticas. Es loco lo que podemos llegar a hacer solo por conservar a alguien que sabemos que terminará marchándose. Es como perder una llave, tarde o temprano la puerta será abierta con o sin ella.
Disfruté cada minuto a su lado porque sabía que pronto sería el último, pero no hice nada. Lloraba en silencio y acompañada por mis amigos que me repetían lo mismo una y otra vez. Yo tenía que decirle, tenía que preguntarle, tenía que poner las cosas en su lugar. Pero al parecer también soy algo masoquista, porque me daba igual las puntadas en mi corazón, me daba igual la ira y el dolor que sentía cada vez que lo veía, porque me destruía por dentro pero más me destruía pensar en un futuro donde no esté a mi lado.
No quería perderlo, era mejor ignorar lo que era obvio. La ignorancia fue mi mejor amiga durante los últimos dos meses. Hasta que todo explotó en mi rostro.
—Quiero terminar.
Recuerdo que estábamos abrazados en mi cama viendo una película, mis ojos habían comenzado a picar unos minutos antes debido al rechazo que me causaba ver a una pareja feliz cuando yo tenía una pareja, pero no era feliz. Una sonrisa amarga decoraba mi cara, pero no decayó cuando vi su rostro.
Él no me miraba. Probablemente hace tiempo dejó de hacerlo.
—¿Por qué?
¿Debería haber dicho otra cosa? No. No iba a discutir, no iba a ponerme a rogar como una imbécil porque yo sabía, demonios, yo sabía y de todos modos dejé que pasara. Adam sacó su brazo de alrededor de mi cintura para sentarse y mirar hacia todos lados nervioso. Sacó uno de los anillos que decoraban sus dedos y jugueteó con él. Un gesto que hacía siempre que estaba nervioso.
"He conocido a otra persona" pensé que diría, considerando que siempre odie que me mientan.
—No está funcionando para mí —dijo en su lugar.
Oh, lo se, creeme que lo se.
“Tampoco está funcionando para mi, pero fue mejor convencerme de que estaba exagerando” quise decir. En su lugar solo asentí levemente. Adam asintió también.
Se levantó y se marchó.
Sin despedidas, sin un "estás bien", sin preguntar que pasaría después. El anillo con el que jugó quedó sobre mis mantas. Recuerdo que lo compró el día que nos conocimos, fue muy importante para él durante mucho tiempo, luego comenzó a tener otros y olvidarse todo el tiempo de ese. Que eufemismo. Fue importante para él, luego solo lo usaba para jugar pero no se atrevía a dejarlo, ahora lo abandonaba.
Supongo que así se siente cuando no le importas a alguien.
Tome el objeto, cálido por estar entre sus manos que por alguna razón que nunca entendí siempre emanaba calor, al igual que todo su cuerpo. Se sintió como tenerlo de vuelta, un sollozo escapó de mi cuando miles de manos calientes parecieron apretar mi corazón hasta que dejó de latir.
Con que así se siente una decepción amorosa. Muchas canciones, películas, libros y series hablan de eso. No importa cuantas veces las escuches, veas o leas, nunca estarás preparado para sentirlo.
Lágrimas caían por mi rostro mientras miles de recuerdos empujaban con fuerza la puerta de mis recuerdos, quería mantenerlos encerrado, pero al parecer nunca fui buena en esconder llaves.
Caí en posición fetal sobre mis almohadas, abrazando una con fuerza. Llore hasta que dejó de doler. Le relate la historia a mis amigos con un hilo de voz. Dijeron que no me merecía, pero ellos no entendían. Me daba igual si me merecía o no, me daba igual lo que hizo, me daba igual que se haya ido, solo me importaba que se había acabado y yo debería aprender a vivir con eso.
Los días que siguieron fueron mejores, si, pero eso no significaba que había sanado. Todo me recordaba a él, a su risa, sus abrazos, sus besos, la manera tan peculiar que tenía de hablarme. Lo extrañaba.
En pasado, si.
Porque hoy, una semana después, volví a verlo. Estaba radiante, sonriendo de esa forma que hacía tiempo que no veía. En su mano derecha faltaba un anillo, pero casi no se notaba debido a la presencia de otra mano entre sus dedos.
Lo sabía, pero hubiera preferido jamás haberlo visto. Eran la pareja perfecta, igual que nosotros durante el año que estuvimos saliendo.
Sentí como el mundo se caía abajo, me ahogaba y eran sus manos las causantes de esto.
Me apuñalaban y él sostenía el cuchillo.
Morí y él huyó de la escena.
Ya no era tu novia. Ya no sería la primera persona a la que acudirías cuando algo malo o emocionante te pasaba. Ya no sería la última a la que le hablarías antes de dormir.
Pero déjame decirte algo, las personas no se borran, menos lo hacen los recuerdos. Te hayan hecho feliz o te hayan matado de la forma en la que lo hiciste conmigo, todo perdura. Es imposible olvidar. Te haya importado o no, siempre recordarás mi sonrisa cuando huelas fresas, recordarás la decepción en mi rostro cuando encuentres un anillo plateado y redondo.
Ya no soy alguien a quien amas, y nunca hice nada para ser alguien a quien odies.
Así que espero, por lo menos, ser tu crimen favorito.
Primer capitulo de mi mini historia "¿Existe un culpable?" en Wattpad :)
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión