Dicen que saben de sombras caídas,
que han visto quebrarse sus propias
heridas, y alzan su voz como faro en
la niebla, sin ver que mi espejo
distinto se quiebra.
Tus grietas respiran aún con la
aurora, las mías se esconden donde nada
aflora; tus astillas buscan la luz de
regreso, las mías se hundieron sin rastro
ni beso.
Confunden tormenta con llovizna, noche
perpetua con eclipse breve, lluvia ligera
con mares sin ritmos, y anhelo al descanso
eterno con frío callado, no entienden, no
basta con soplar el polvo del vidrio para
que aparezca el horizonte.
Ambos, sí, espejos rotos,
pero no es la misma herida,
aunque ambos sangremos vidrio
no sangran igual nuestros vidrios heridos.
No hay molde que repare todos
los vidrios, ni camino que
repita su sombra, no hay cura
común, ni salida precisa cuando
cada espejo roto se rompe
de prisa.

Emily Grey
Bienvenido a mi lugar seguro donde comparto los tormentos de mi mente o como me gusta llamarlos; poemas
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