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ESPEJO INTERIOR

Nov 25, 2025

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ESPEJO INTERIOR
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Creo que, después del fútbol, mi deporte preferido es el boxeo. No entiendo nada de boxeo. De fútbol, capaz que un poquito, pero de boxeo, nada. Creo que una vez estuve cerca de cagarme a trompadas pero cuando el tipo me quiso pegar, yo ya estaba en mi casa. Me gusta el boxeo por el tipo que se sube al ring y va al frente. Hay que tener las pelotas bien puestas para subir sabiendo que te van a recontra re mil cagar a trompadas y, aun así, pelear.

Uno de mis ídolos es Ringo Bonavena. Guapo, duro, con una seguridad que daba miedo. Aunque, en el fondo, yo creo que tenía un cagazo terrible. Pero subía igual, boqueaba y peleaba.

Dicen que Miguel Abuelo soñaba con ser boxeador. Antes de ser el cantante y líder de Los Abuelos de la Nada, peleó varias veces. Hasta que un día le pegaron tanto que dejó. Pero no dejó de pelear: cambió el ring por el escenario y siguió ahí.

Hace unos días, mientras corregía un cuento para mandar a un concurso, en un momento me desconecté de la pantalla, de los papeles, de los cuadernos y me fui a mirar al espejo. Me vi prácticamente roto. Tenía ojeras, la barba crecida, es que, llevaba tres días sin hacer otra cosa. Casi ni había comido. Y pensé: parezco un boxeador al que acaban de cagar a piñas.

Ahí volví a la idea que me da vueltas: casi todo el tiempo estamos boxeando. En la calle, en el trabajo, en la oficina, en la facultad, en nuestra habitación, en nuestro mundo.

Lo de Ringo lo escribí porque cuando pienso en boxeo, pienso en él. Lo de Miguel Abuelo porque, la noche en que terminé de escribir el cuento y mandarlo, soñé con él y me desperté cantando Medita Sol. También recordé una foto suya, con los guantes puestos.

A veces, escribir es como boxear. Pero contra uno mismo. Contra, como dice la canción, el gran espejo interior.

Niyén Pibuel

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