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    Especial.

    Jun 2, 2024

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    Era feliz teniendo atención sin competencia. Le complacía los elogios sin razón, un accesorio más sin pedirlo, una caricia sin solicitar. Algo que no pedía, no exigía, no hablaba, prefería que los demás lo percibieran, así no tenía que experimentar la culpa de ser importante solo por existir, por ser especial.

    Era atención por sí misma y nada más.

    Luego de ese lugar se tuvo que ir. El ciclo se terminó, varias heridas sugieron, y ya no tenía confianza de dónde sacar. Una sonrisa invisible para disimular. Todo se había desinflado de repente. Había perdido color. Dejó de sentirse importante para pasar a su estado original, ordinario, desechado a un costado, sin que una voz humana le recordara qué significaba ser único y especial.

    No recordaba si alguna vez se sintió con valor. Sospechó que algo propio debía de tener. No tenía fuentes para corroborar si sólo se trataba de un mal momento, pero desde siempre se había sentido así. Carente de relleno sustancioso, un tesoro imposible de hallar. Alguien debía quererle, o estar buscándole para reclamarla, aunque sonara irreal.

    Era seguro que común no era. Debía verlo así pero no era capaz. Esta vez no había nadie que se lo dijera y así siempre fue sin nadie más.

    Deseaba que su único talento pudiera ser verse bien, que con sólo ser bonita iba a estar todo bien, así solía escuchar decir y que su único problema fuera lidiar con la cosificación, pero era no era la realidad. No era justo si en nada planeaba convertirse, se mintió y solo se limitó a intentar formar parte de la corriente, ser uno más, verse igual, inútilmente, una imitación de una copia, sin aprobación. Pertenecer a los demás tampoco parecía cumplirse. ¿A quién quería engañar? Estaba haciendo lo que los demás esperaban y eso tampoco parecía funcionar.

    ¿Por qué todos se ríen? —cuestionó para sí— ¿Por qué todos se van? —su pregunta le devolvió su propia voz en eco. No obtuvo respuesta; se volvió a quedar en soledad.

    Podría ser una polilla bañada en penumbra, hecha de silencio, polvo, rareza y nada más.

    La esperanza se vuelve desafecto y en páginas mal escritas descartadas en totalidad.

    Las cartas se las quedó y las quemó una por una. No iba a decirles lo que habían hecho. Fue cenizas, bruma y lágrimas. ¿Por qué tenían que saberlo? Desestimó las consecuencias y allí se quedó. Con las palabras en la boca, en su fina línea de costura que podía verse mejor pero decidió que así se quedaría.

    — ¡Oh, qué ridículo es el daño! ¡Qué ridículos ustedes son! Ojalá les llegue el karma por no hacerme sentir especial. Tengo mis razones, pero no quiero estar mal.

    Lo era en proporciones desmedidas, con o sin encaje, hilos costosos, vestidos detallados o botones brillantes en los ojos.

    Reconocía que nadie la quería. Para eso tendría que renacer, cambiar de raíz, de fábrica, de apariencia. Entonces se quedó en la caja, como una más, olvidada, empolvándose, esperando a que alguien la viera. Ya no iba a ser la muñeca complaciente, fuera o no hecha con esos fines.

    — Estaré así. Me quedaré así. ¿No me quieres?Eso no importa. ¿Me quieres? Ven por mí. Serás especial para mí y yo para ti, y de nadie más.

    Metanoia Seeker

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