19 años cumplía mi prima Paola, Paola Camblan, todos reunidos en el living del viejo departamento de mis tíos, desde los mellizos de 8 hasta la bisabuela, que con 97 todavía se la veía lúcida, incluso acotando acerca de discusiones que, creemos que no son relevantes para gente de su edad. Mi prima siempre fue una chica bastante reservada, odiaba vestirse como se viste la gente de su edad, escuchar la música de su época o mostrarse como una chica que recién ingresó a la mayoría de edad en el siglo 21. Probablemente sus nulas expresiones de rebeldía y liberación ante lo que se le presente se vió plasmado en toda la fiesta, los globos de colores apagados, rosas amarillos y azules faltos de presencia y brillo, junto a las botellas de gaseosa y los vasos de plástico de los más chicos, pasa desapercibido un bizcochuelo de vainilla con el borde apenas quemado y una vela blanca en forma de P en el centro. Aún me sigue confundiendo si es que mi prima es reservada, no disfruta de su cumpleaños o sencillamente necesita simplezas visuales para tener la cabeza en orden y calmar los humos de una mente adolescente preocupada por efímeras impresiones ajenas o por ver tanto tiempo por delante, que impide cualquier planificación, que nada lo llena, que da miedo malgastar. Más allá de todo, Paola tiene algunos destellos de luz, no deja de ser brillante entre tantos globos opacos, pero todo alrededor de alguien más. Este cumpleaños era especial, Zazil se unió a la familia, él empezó a salir con mi prima hace un par de meses y se convirtió en su sostén mental, físico y espiritual, él hizo ese bizcochuelo que todos verían triste y vacío en el centro de la mesa, pues sabe que esa cosa tan mínima es lo que ella necesita. Realmente Zazil es todo lo contrario a Paola, es un tipo entregado a la gracia, no teme al ridículo ni se ve forzado a actuar de formas acordes al resto, es un distinto, no existe otra forma de describirlo. Igualmente eso muchas veces le juega en contra, ya que quizás toma a la ligera temas sobre los que no se puede bromear como si nada. A pesar de todo esto, no existe persona que le ilumine a mi prima esos ojos achinados tanto como él, ya sea con sus ocurrencias, torpezas o sacándola del molde tan fácilmente como a un bizcochuelo de vainilla.
El momento llegó, se apagaron las luces y Zazil cruzó la puerta de la cocina hacia el salón principal con un fósforo encendido, directamente a teñir de naranja la vela blanca. Sonrisas, aplausos y chiflidos por todos lados, por un momento se sintió que la fiesta tomaba forma de fiesta, de diversión. Antes de soplar, el novio de mi prima le recordó que pida un deseo con mucha fuerza y que si de verdad sabía que era lo que quería lo pida tres veces. Fueron segundos de tensión para los más chicos, que se morían de ganas de adelantarse para soplar ellos. Entonces, Paola sopló.
La llama se apagó y con ella Zazil cayó desplomado entre las patas de la mesa. Estando todas las luces apagadas el pánico invadió todo el living, tanto que nadie encendió la luz de manera inmediata, solo se oyeron gritos de desesperación. Mi prima paralizada, casi tanto como él y la ambulancia por razones desconocidas, se demoró más de la cuenta. Paola quedó estancada en los 19.
Todo el proceso de acompañamiento fue duro, nadie había llegado a conocerlo mucho, habían opiniones divididas alrededor de cuán digno era de acompañar a mi prima en esta cadena de aventuras llamada vida y darle la noticia a la familia fue escalofriante. El reclamo de la familia de Zazil por no haber actuado como los primeros auxilios indican no cesó nunca, el dolor de perder un hijo, un hermano, un sobrino será permanente.
En los rincones oscuros de la casa se sentaba Paola a pensar, a arrepentirse, a llorar, a cruzar esos desiertos, que en su mente, alimentaban su sed de verlo una vez más, de pedirle su hombro para desahogarse un rato más, de pedirle que le de esos ojos para encontrar la belleza únicamente en las sencilleces, en los bizcochuelos de vainilla, en los vasos de plástico, en la bisabuela y en los primitos. Ese miedo de desaprovechar el tiempo la acechaba, las agujas detenidas en los 19 años. Sin embargo pasados tantos meses como los que habían salido mi prima tomó coraje y fue a darle un poco del color que Zazil había dejado en ella. Se levantó temprano y corrió a una velocidad imparable hasta el cementerio. Al dar con la tumba de Zazil abrió el cierre del bolsillo de su pantalón y sacó tres globos blancos. Los dejó en la parte superior de la lápida junto a un girasol, una orquídea y una nomeolvides, dándole un poco de alegría a una fiesta con globos apagados y buscando que en algún momento Zazil pueda salir del molde en el que lo habían encerrado para poder darse una tonalidad más brillante.
Se acabó todo, la historia de amor de mi prima se terminó, unos maravillosos meses y como las palomas blancas tienen una sola pareja, ella decidió entregarse a la paz, para que Zazir por fin pueda descansar. Entendió que la fragilidad es la esencia de la vida misma, que lo frágil se cuida y que por eso duele tanto dejarlo caer al suelo.
Ya en casa el reloj continuó su curso natural. Entonces Zazir se levantó del piso y exclamó
Los asusté ¿no?
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