Sos tan opresor que estoy agradeciendo el placer de la dopamina que me hiciste sentir.
En el mundo que creaste vos me hacías sentir el dolor matando mis cosas. Creaste un mundo dónde la única opción posible fuera la mitad de las cosas, del otro lado estaba la cantidad de dopamina que generabas, asqueroso, como con un termométro (me olvide cómo se escriba esta palabra), apretando más y menos el botón como si yo fuera una máquina. Me dás aco. Sos la negación absoluta de lo evidente. Una máscara. Una máquina. No existís. Quiero explicar las cosas y me agarra bronca. Tengo el enojo dormido. Tener un enojo dormido es como alguien que se abriga dormido y no hace nada, pesa y nunca despierta, hasta que te morís. En fin, creabas un mundo: placer y dolor. Si no hay otra posibilidad, una agradece lo que tiene. Entonces obvio. No hay que explicarlo.
Tengo sueño.
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