No hace falta descalzarse
ni abrirle las venas al tiempo,
para saber que te has disuelto
que tus pasos, apenas rumor desprendido,
se reconvierten a un halo cenizo flotante,
del recuerdo que consume el invierno.
No me conmueve el ocaso
de tu ausencia sin raíz ni retorno—
pues así lo dictaron una vez
nadie retiene al que no se arraiga,
al que nunca ancló sus dedos en la dermis adorada.
Y me fatiga el ruego mudo,
el ceremonial rito de la ausencia,
la lengua entumida que ya no persiste
más que en lamentos secos,
por la inanición del alma,
la inhóspita sequedad
de un ánimo–muerto.
No remuevo la tinta ni ella me conmueve
He perdido la vitalidad de quien se entiende con la jerga
Al saberme desfallecer en el refrán de mi vieja ebria al doctrinar
"Es la lección de amar, así pasará"
Las heridas cicatrizan en lecciones que arden, demoran, duelen.
Y vos, coleccionista furtivo de aromas y gemidos
Aprendés del amor en labios de otros cuerpos
Las promesas escurridas en los contornos de otros pechos
Donde lubricás las promesas
Translúcidas y nauseabundas
De la lengua con la que alterás la piel.
Esa piel que resquebrajada, necrosa en su silencio,
lenta y tortuosamente
la podredumbre de palabras encharcadas
al fondo del purgatorio de mi garganta.
Y la bilis ondea, amarga, en la campanilla,
reconociendo esa voz intoxicada
que canta entre tierra y rosas deshechas,
entonando el eco de un credo venenoso:
"Habitas en mí como nunca nadie."
Sé, Dopamina, que el único lugar donde estuvo nunca nadie,
Era el olvido habituado en tus concavidades.
Te abrís el pecho hambriento de pasión
A drogadictos y borrachos blindados
Que malformen la responsabilidad
De inmiscuirse en emociones profundas
Por despreocuparse en sudores y gemidos
La eternidad pesa sobre quien
no se anuda con el rito del amor,
y río, gélidamente enternecido,
cerrando los ojos a la noche sin estrellas,
a la cama helada que murmura:
"Esa es la lección de amar, así pasará."
Entre amores fugaces,
como el polvo en suela gastada,
como ansias desbocadas en corderos perdidos
que se embriagan de bocas ajenas,
yo habitaré tu olvido,
pues del amor
vos nunca aprendiste su lección,
así pasará.
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