No es que quiera compararme,
pero a veces me descubro mirándolas.
Tratando de entender
qué tienen ellas
que yo no.
Y entonces me vuelvo duda.
Porque no me parezco,
ni un poco.
Ni en la forma en la que sonríen,
ni en la forma en la que existen.
Y me pregunto,
sin querer escuchar la respuesta:
¿es ella más que yo…
o simplemente es más para ti?
Y pienso…
cómo esperaba que me eligieras a mí
si tal vez nunca te gusté de verdad.
Pero eso no encaja.
Porque tu forma de besarme
no se sentía como duda.
Tus manos no parecían indecisas,
tu voz no temblaba al acercarte.
No puedes fingir el deseo así…
¿o sí?
Y sigo atrapada ahí,
entre lo que sentí
y lo que hiciste después.
Entre la certeza de tu cuerpo
y la ausencia de tu decisión.
Porque para tocarme así
tuviste que quererme,
aunque fuera un poco.
Aunque no lo suficiente
para quedarte.
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