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- Entre sentir y no hacerlo -

Aug 30, 2025

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- Entre sentir y no hacerlo -
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Hay días en que todo me atraviesa.
Un gesto, una palabra, una melodía…
y siento que me invade algo tan desbordante que no sé si es alegría, angustia o miedo disfrazado.
Otras veces, en cambio, nada me toca, nada me estremece,
como si llevara una coraza invisible que me protege de todo.

Es curioso… cuando me detengo a analizar,
las emociones que antes me parecían grandes se vuelven pequeñas, incluso absurdas.
¿Qué sentido tiene emocionarme al ver a un cantante que admiro?
Si lo pienso fríamente, no es más que una persona con un talento distinto al mío.
No hay magia, no hay misterio, solo una ilusión inflada.

Y lo mismo ocurre con el amor.
He estado tan disponible a darlo todo: mi tiempo, mi energía, mis sueños.
He sentido esa urgencia de compartir la vida con alguien.
Pero entonces llega la reflexión: ¿qué tan necesario es tener pareja?
Una amistad puede ofrecer compañía, risas, complicidad…
y no exige ese laberinto de la monogamia donde uno debe desmenuzarse y adaptarse hasta volverse compatible.
De pronto, el amor romántico deja de parecerme algo sagrado.
Se vuelve común. Poco especial.

Quizá por eso mis decepciones amorosas duelen cada vez menos.
Las siento, sí, pero como una punzada breve, pasajera.
Me ilusiono, me entrego un instante, y después basta una decepción mínima para decir adiós.

Me sorprende lo sencillo que se me ha vuelto cerrar ciclos,
incluso con personas que fueron importantes por mucho tiempo.
Se siente, duele, respiro… y sigo. Como si nada.

Y, sin embargo, hay un cansancio detrás.
Me estresa ser y pensar así.
Me inquieta, como si no tuviera corazón. A veces me lo creo.
Tal vez, sin mis principios, valores y carisma, daría miedo.
Porque admito que a veces veo a las personas como piezas:
tomo lo que funciona y lo que no, lo dejo atrás.
Eso me da orden, pero también me aísla.

Lo contradictorio es que, cuando siento de verdad, lo hago con tal intensidad que me desespero.
No sé cómo expresarlo sin asfixiar al otro,
pero tampoco sé cómo apartarme sin que parezca indiferencia.
Vivo en ese filo: entre la avalancha y el desierto.

Lo peor es esa sensación de que lo que quiero siempre se escurre,
como si estuviera hecho para evitarme.
Y en cambio lo que ignoro, lo que no pido, viene detrás de mí, me alcanza, me enreda y me complica.
Me convierte en alguien que hiere, que desordena lo que ya estaba en calma.

Y entonces me quedo aquí, en medio, entre sentir demasiado o no sentir nada.
Como si ninguna de las dos cosas me perteneciera del todo.
Como si nada fuera suficiente.

- D. Duality -

Carta I a mí

D. Duality

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