Deslizo mi piel de serpiente
por tu piel de rosa.
Conecto con tus espinas,
bebiendo mi veneno
en eternos fracasos
bajo los que ví
aquellos pétalos.
Conecto tu celulosa
con mi tacto escamoso,
y entre cambios de pieles
desnudo tu frágil pólen.
Te cuido de aquellas
moscas amarillas
cubiertas de melaza,
repletas de ojos aplastados
y cinturas vegetales
crecientes por el tacto primaveral.
Te cubro del sol naciente,
así evito que te quemes;
te abrazo para evitar
el paso del aire;
te muerdo
para lograr mezclarme.
Pero no llegaron
mis dientes
a lo más profundo de tu ser.
Pues, al parecer,
no reviviste.
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