La mañana siempre llega puntual a tu lado.
No falla.
Nunca falla.
Trae las manos limpias,
los planes escritos con certeza,
la forma exacta de amar
sin romper nada.
Contigo, el mundo encaja:
las horas obedecen,
la vida fluye sin resistencia,
y mi nombre suena… seguro.
Eres todo lo que debería elegir.
Y, sin embargo,
existe una hora maldita
en la que la luz comienza a rendirse.
Ahí empiezo a ser yo.
No en la claridad que construyes,
sino en ese filo tibio
donde el cielo se desangra lento
y nadie sabe si es un final
o una promesa.
Porque justo después…
llega él.
La noche no pregunta.
No cuida.
No se queda a ver si sobrevivo.
La noche arrastra,
enciende lo que intento apagar,
borra tu voz
aunque aún viva en mi piel.
Contigo soy lo correcto.
Con él…
soy lo que no tiene arreglo.
Y qué forma tan cruel de existir:
despertar en tus brazos
y dormirme en el recuerdo de su caos.
Tú eres la vida que avanza.
Él…
la que se siente.
Y yo me rompo en ese instante
en que el sol muere despacio,
porque sé
que todo lo bueno en mí te pertenece…
pero todo lo que arde
sigue siendo suyo.
"no hay amanecer suficiente
que borre
lo que la noche
aprendió a encender."

Aleinad
Soy una escritora en formación, una buscadora de palabras que intentan decir lo que a veces la voz calla. Descubrí en la escritura un refugio.
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