¿Será que me queda un espacio en tu sombra?
A veces creo sentirte
en el té,
en la tibieza de la taza,
en la quietud que sigue al último sorbo,
Allí, donde aprendimos a olvidarnos.
Allí, donde ahora me pregunto
¿La arena recuerda mi nombre?
O estoy disuelto en tus pasos:
en los senderos transitados,
los caminos despistados
Allí, donde nos cruzamos sin reconocernos del todo
Bajo el vaivén mudo de las ramas
sedientos, pero negados a las lluvias,
con las raíces entrelazadas
en la tierra hendida
Cuando nos invadía la tormenta
el silencio,
la costumbre de esperarnos.
Allí, donde nos buscamos, a veces,
En esas noches ajenas al horizonte,
en los relojes detenidos de casa,
en la piedad que nos roza y se retira,
en los gestos que aún buscan un regreso.
Y en nuestro silencio
Los minutos se escapan con prisa,
Y se ríen, leves, del viento
pero yo permanezco, obstinado, mientras no muera tu nombre.
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